Infancia marchita: el drama de los niños adictos

Infancia marchita: el drama de los niños adictos

Por Departamento Web

En los últimos siete años la cifra de menores viciosos aumentó un 400%

La reciente Encuesta Nacional de Consu­mo de Drogas, Alcohol y Tabaco, dio a conocer que una de las preocupaciones de la salud pública en México debe ser el aumento en el consumo de sustancias tóxicas, pues aumentó hasta un 47% en los niños durante los últimos siete años. Esto es del 2011 al 2018, la cifra se elevó de un 200% a un 400%.

En el informe de la encuesta detalla que en los niños existe la inducción a las sustancias por parte de personas mayores, ya sea a través de acoso, violencia o por presión de círculos externos de consumo, incluyendo el familiar.

En la gran mayoría de los casos, las fa­milias suelen ser grupos disfuncionales, como consecuencia de la separación de cónyuges, la muerte de algún ser querido, problemas de comunicación, violencia in­trafamiliar, roles poco afectivos o, por el contrario, por sobreprotección y moda.

Además, menciona que el daño en los niños es aún más profun­do, ya que son la línea humana más vulnerable, pues no tienen conciencia de la decisión que están tomando y muchas de las ocasiones se les incita al consumo con el fin de ha­cerlos adictos y después venderles a ellos su mercancía.

De acuerdo con información de la en­cuesta, estas son las edades en las que se inician en el consumo de diversas sustan­cias:

  • 12 años para el alcohol
  • 13 años para los inhalables
  • 13 años para el tabaco
  • 14 años para la cocaína
  • 14 años para la mariguana
  • 14 años para las metanfetaminas

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«A los 11 años me inicié en las adicciones, mi gusto por ellas era incontrolable»

«Desde los 11 años empecé a fumar, tiempo después esto no fue suficiente e ingerí bebidas embriagantes. Más adelante, consumí marihuana, solo una vez probé la cocaína. Siendo pe­queño, estos vicios cambiaron mi carácter, me volví soberbio y era arrogante.

Mi gusto por la marihuana ya era incontrolable, incluso me dio una sobredosis. Mi libertinaje me causó serios problemas con mi familia, no estaba de acuerdo con sus consejos y por eso me aparte de ellos. Perdí por completo el respeto hacia mis padres.

Aunque estaba en una actitud rebelde, me sentía mal, era de­presivo y en dos ocasiones inten­té quitarme la vida. Conforme el tiempo pasaba, me hundía más en este mundo de adicciones. No obstante, aunque aparente­mente no tenía solución, en Dios encontré el cambio.

Al llegar a la Cura de los Vicos y hacer uso de mi fe, me aparté de estas prácticas. Le encontré sentido a mi vida, fue como re­nacer, me di cuenta que soy jo­ven, no tengo porqué echarme a perder así. Ahora disfruto de una realidad donde hay amor, alegría y no necesito ninguna sustancia tóxica para estar bien. Dios le da sabor a mis días, soy verdaderamente feliz.» -David Alonso Pérez

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