Sé optimista para ti y los demás

Sé optimista para ti y los demás

Por Social Media

Al final, lo que determinas, creyendo, va a suceder

«Es un gran hombre el que hace que cada hombre se sienta pequeño. Pero realmente, el único gran hombre es el que hace que cada hombre se sienta grande», dijo una vez el escritor inglés G. K. Chesterton (1874-1936). Esta afirmación se aplica mucho a aquellos individuos que tienen el don no solo de ver el lado bueno de las situaciones difíciles, sino de saber demostrárselo a los demás para inspirarlos, alimentar sus esperanzas, incentivarlos a la buena indignación y llevarlos a la acción.

No vale la pena ser aquel sujeto que siempre ve el lado malo de todo, que solo ve una flecha cuando apunta hacia abajo, cuyo pesimismo permanente termina por desanimar también a quien lo escucha. Es claro que es necesario medir las dificultades de cualquier desafío, pero no es nada saludable dejar que el tamaño de ellas sea una barrera tan grande que parezca imposible de superar.

Vemos diariamente en la Universal testimonios de hombres que vieron «el tamaño de Dios y no de su problema». Por ejemplo, deudas consideradas impagables ya son del pasado, ya que ellos se apegaron a la fuerza, a la sabiduría que solo el Espíritu Santo puede proporcionar, la fe, y no solo pagaron todo lo que debían sino que también conquistaron más allá de lo que imaginaban.

Sin embargo, para decir palabras positivas realmente es necesario pensar algo positivo para comunicar. La obediencia y la justicia promovidas y cumplidas dan frutos, como está en la promesa del propio Creador: «Echa sobre el Señor tu carga, y Él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo» (Salmos 55:22).

En torno a las conquistas, hay un hombre en la Biblia que entiende muy bien esto. Josué lideró a los hebreos en la ocupación de la Tierra Prometida.

Muchos de su propio pueblo dudaban que Canaán sería un día Israel, ya que había enemigos que vencer, pueblos que fundar, recursos que conseguir. No obstante, aquel líder no veía obstáculos, sino que mostraba cómo todos eran capaces de realizar la mayor empresa de sus vidas, ya que había sido solicitada por Dios, como está escrito en Josué 1:8-9: «Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.

Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque el Señor tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas».

Por lo tanto, no seas el hombre que le dice a su hijo, por ejemplo, que hará examen extraordinario en la escuela porque perdió el año. En lugar de eso, muéstrale cómo creer en sí mismo y cómo debe aprovechar la oportunidad.  ¿Qué tal contarle una gran dificultad por medio de la cual tú u otro hombre pasaron, pero vencieron? Ejemplos bíblicos no faltan.

Además de eso, todos a tu alrededor necesitan ver una luz al final del túnel delante de los problemas y tú puedes ayudarlos. Si llegas a ellos diciéndoles palabras amargas y desalentadoras, también puedes creer que vas a ser parte de las eventuales derrotas de ellos —o incluso haberlas causado.

Ya que empezamos el texto con las palabras de un hombre notable, terminemos con las de otro. El predicador norteamericano Billy Graham (1918-2018) muestra que la persona que tiene a Dios sabe buscar en Él el optimismo necesario para superar todos los problemas. Y quien se aparta de Él lo pierde: «cuando el hombre endurece su corazón, Dios continúa hablándole, pero él no puede escuchar».

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