Si quieres vencer, no hay otro camino

Si quieres vencer, no hay otro camino

Por Redacción Periódico

Un pacto es una alianza, trato o acuerdo celebrado entre dos o más partes en el cual los involucrados deben respetar aquello que conciertan. Significa, dada su importancia, fidelidad; por lo tanto, el mejor ejemplo de este documento que podemos dar es la Biblia.

En ella se encuentran infinidad de promesas destinadas especialmente para los que confían, creen y obedecen para probar que están cumpliendo con su parte. Los héroes del pasado hicieron un pacto y hasta hoy son recordados tanto por su lealtad como por sus hazañas y éxito en todo lo que emprendían.

Sin embargo, ¿cuántas personas exigen que se cumplan dichas promesas en su vida sin antes hacer lo que les toca? Reclaman y se enojan sin darse cuenta que ellos mismos se ponen sus propios obstáculos.

Lamentablemente, las actitudes inmaduras no funcionan con Él y solo hay una cosa que el ser humano puede hacer si quiere cambiar su situación.

De acuerdo con el obispo Macedo, “la vida en toda su plenitud, solo depende de una sociedad con Dios”.

Entonces, si quieres una vida plena en todos los sentidos, el único camino es sacrificarte en obediencia por medio de un pacto con Dios, solo así demostrarás que sabes cumplir y como resultado, habrá una respuesta de parte del Señor.

“Conoce, pues, que el Señor tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones” (Deuteronomio 7:9).

Los pactos con Dios no fallan

“Desde que hice un pacto con Dios basado en Su Palabra, determiné que llegaría una bendición a mi vida y así sucedió.

Hace un año, estaba buscando una respuesta que me ayudaría a independizarme laboralmente hablando y justo al salir de la reunión, me confirmaron que el proyecto se realizará.

Sé que haber recibido esta buena noticia viene de parte de Dios porque además de que me dejará muchas ganancias, estoy seguro que esta bendición es apenas el inicio de muchas más que vienen en camino”, Víctor Castillo.

“Cuando mi esposo me abandonó con mis seis hijos, aunque trabajaba día y noche, no había dinero que me rindiera ni para alimentar a mi familia, vestirlos bien o para pagar la renta. ¡Pasamos muchas humillaciones!

Al hacer un pacto con Dios, obtuve un local para abrir mi negocio y al poco tiempo, ya tenía tres más que son muy bendecidos. Hoy no pago renta, pues tengo un departamento, una casa y no les falta nada a mis hijos.

No fue fácil, pero mi fe basada en la Palabra de Dios me hizo prosperar”, Alejandra Ortega.

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