¿Cómo el diablo elige a sus víctimas?

¿Cómo el diablo elige a sus víctimas?

Por Departamento Web

Comprenda por qué la Biblia usa el león para explicar la estrategia del mal

Probablemente, usted ya vio aquellos programas sobre el reino animal, de cómo los leones atacan. Es electrizante observar, en la seguridad de la casa, todo aquel ataque. A veces esperamos que la presa escape. A final de cuentas, ella es tan indefensa. En otros momentos, nos irritamos y cuestionamos cómo puede estar vacilando tanto.

Pero ¿ya se detuvo para pensar que este mismo ataque puede estar sucediendo en contra de su vida? ¿Y que usted puede estar vacilando tanto como aquel animalito atrapado por el león?

¿Cómo ataca el mal?

En su primera epístola, el apóstol Pedro, guiado por el Espíritu Santo, nos orienta:

“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8).

Es necesario entender un detalle que este versículo contiene y que hace toda la diferencia para comprender mejor la orientación.

El obispo Wagner Negrão, responsable del trabajo evangélico de la Universal de Brasilia, explica que hay una diferencia sobre la analogía hecha usando el león.

La Biblia dice que Jesús es el león de la tribu de Judá (Apocalipsis 5:5), en este pasaje descrito en 1 Pedro, aparentemente, compara al diablo también con un león.

Sin embargo, es necesario comprender que no es en el sentido de la imagen del león, de fuerza, realeza y poder, como la que representa Jesús, sino la manera como este animal caza.

“No es que el diablo se parezca al león, sino que usa su estrategia de caza. Y si yo sé cómo caza un león, también sé cómo actúa el diablo”, explica el obispo Wagner.

El obispo aclara que el león tiene muchas estrategias de caza, y ejemplifica una de ellas.

Algunas leonas aparecen de repente y asustan a la manada de los animales escogidos para ser la presa. Por el susto, ellos salen corriendo. A raíz del ataque, una leona se queda quieta, observando la reacción de cada animal de la “manada de presas”, buscando a alguno que esté enfermo, débil, que sea muy joven o que esté más apartado de los demás. Cuando lo encuentra, se pone en marcha para el ataque.

De acuerdo con la explicación del obispo, comparando esto con la vida espiritual y la forma en como el diablo actúa, sucede de la misma manera.

El diablo viene por medio de una situación, una mala noticia, un problema, una persecución. La reacción de la persona expondrá su estado. Si ella se “asusta” entregándose al miedo, por ejemplo, se enferma y debilita su fe, volviéndose una presa fácil para el diablo.

Entonces, ¿cómo no ser atrapado?

Contra el ataque

El diablo se la pasa todo el tiempo observando y planeando cómo atrapar a sus víctimas. Es importante analizarse y buscar cuáles han sido sus debilidades, aquello en lo que usted tiene más dificultad. Actuando así, cumplirá la primera orden que se da en el mismo versículo:

“Sed sobrios, y velad…” (1 Pedro 5:8).

Ser sobrio quiere decir que la persona no está embriagada. Sin embargo, la embriaguez a la que la Biblia se refiere aquí no es la alcohólica, sino la de los sentimientos.

Cuando la persona les da rienda suelta, se embriaga, neutralizando la fe de esa manera, haciendo que no esté atenta. Ella pierde el control y se vuelve vulnerable. “La sobriedad se refiere a la inteligencia, la razón, el espíritu. No tiene nada que ver con las emociones del corazón”, resalta el obispo Wagner, señalando cuánto los sentimientos de odio, los sentimientos de venganza, el rencor, el miedo, entre otros, vuelven ciega a la persona espiritualmente, dándole al diablo las condiciones para “devorarla”.

El obispo incluso alerta que lo que la persona dice (cuando afirma no tener fuerzas para vencer), no pasa de una mentira contada por el diablo para engañarla. Si ella toma la decisión de ir en contra de ese sentimiento, le cerrará la puerta al diablo.

Por consiguiente, nunca podemos dejar que esta orientación caiga en el olvido. La sobriedad y la vigilancia tienen que formar parte de nuestra vida, pues el diablo no va a dejar pasar ninguna oportunidad para devorarnos.

Por eso —aclara el obispo— la necesidad de tener el Espíritu Santo, y no confundir el bienestar de las conquistas materiales con Su presencia.

Muchos confunden y se quedan tranquilos creyendo que están bien y, de repente, cuando surge un problema, por no tener la fe que Salva, se vuelven presas del diablo. “Pero Dios actúa adentro, hacia el ser, transforma la mente, el corazón. Y esta nueva criatura tiene condiciones para vencer. No tendrá un vínculo débil en ella. El diablo estará babeando a su alrededor, pero no podrá tocar su vida”, finalizó.

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