De indigente a tener mi casa propia…

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Lo único que me importaba era la bebida. Mis borracheras me llevaron a pedir limosna para comprar mi anforita… era un indigente.

Joaquin A

Al poner mi fe en Dios mi mentalidad cambió. Entendí que para progresar es necesario esforzarse. Me hice responsable y obtuve buenos trabajos. De haber sido un indigente, Dios me bendijo para tener mi casa propia», Joaquín Onofre.Joaquín Onofre, vicios

No teníamos ni para tortillas y comíamos de lo que nos regalaban

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«Mi esposo y yo teníamos objetivos que con mucho sacrificio alcanzábamos, pero al lograrlo duraba poco el gusto pues lo perdíamos. Además teníamos una deuda bancaria que no podíamos solventar.

El dinero no nos alcanzaba para nada, en ocasiones, busqué en los rincones de la casa un peso, por lo menos para tortillas ya que ni para eso tenía. Una vez, tuvimos que alimentamos con comida que le regalaron a mi esposo.María de los Ángeles 1

Esta situación me enfermaba, me ponía nerviosa, además me decían los médicos que me iban a amputar una pierna porque padecía flebitis.

Mi papá estaba preocupado por mí y me invitó a las reuniones de los lunes. Tenía mis dudas porque pensé que tenía una maldición y no cambiaría mi panorama, pero animé a ir.

Fue maravilloso llegar al Centro de Ayuda Universal, porque me sentí protegida y comprendida por Dios. Poco a poco aprendí a usar mi fe y así mi situación financiera cambió. Pagamos nuestras deudas, y ahora nuestro trabajo rinde frutos. Además estoy completamente sana.

Hoy, sé que puedo tener aspiraciones grandes, porque Dios me sustenta y me ayuda a hacerlas realidad». María de los Ángeles Lechuga.

“He alcanzado prestigio porque amo lo que hago”

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“Desde pequeño admiré al médico de la familia, su ejemplo me impulsó a estudiar esta carrera. Paulo Godoy 2No fue sencillo, pero mi deseo de ayudar y el compromiso que asumí fue más fuerte. Tal es la pasión por mi labor, que el sacrificio que esto implica no me pesa. Cada paso para convertirme en un buen cirujano, ha valido la pena. Fueron seis años estudiando como médico general, tres más de especialidad en cirugía oncológica, tres más en cirugía de cuello y cabeza, y dos de microcirugía reconstructiva.

Con el paso del tiempo alcancé el prestigio como médico. Hoy en día, además de prestar mis servicios en cuestiones de salud, soy profesor de medicina, he escrito libros de esta temática que se han publicado en Brasil, Estados Unidos y algunos países europeos.

Pese a todo, mi felicidad no estaba completa. Cuando encontré el apoyo de Dios, pude sentirme pleno realmente. Sin Él, difícilmente hubiese alcanzado la felicidad que tengo ahora.

Con Su ayuda he logrado salvar más vidas y disfrutar de mi gran pasión: ser médico. Me siento bendecido por estar en un trabajo que contribuye a mi alegría diaria”, Paulo Godoy.