El deseo de venganza es un veneno

El deseo de venganza es un veneno

Por Departamento Web 2

Guardar odio y rencor puede generar preocupaciones y enfermedades, además de retrasar la vida de quienes los sienten

¿Hasta qué punto el rencor y el sentimiento de venganza pueden perjudicar a una persona?

La psicóloga Bia Nóbrega explica que, de manera general, el odio y el rencor acumulados suelen traer perjuicios principalmente para quien guarda ese tipo de sentimiento. «Cuando una persona guarda rencor, literalmente se está contaminando y llevando cosas malas a su interior. La oportunidad de somatizar es muy grande y cada persona somatiza de una manera. Algunos pueden tener el sueño perjudicado, pensamientos de preocupación o pasar todo el día dándole vueltas a las situaciones. Hay personas que sienten dolores de estómago, de garganta y hasta presentan problemas de salud más graves», aclara.

Claudia Melo, psicóloga clínica y psicoterapeuta de pareja y familiar, agrega que el rencor acumulado puede destruir todo el proyecto de vida de una persona. «El resentimiento es como si fuera un veneno para la salud física y mental y solo acarrea daños. Las personas que guardan rencores y tienen deseo de venganza solo viven en función de eso. Ellas pierden su proyecto de vida y la capacidad de tener sentimientos positivos y buenos. La venganza se convierte en una obsesión, la persona se pierde en la vida y puede terminar enfermando sumergida en rencores, resentimientos, ansiedad y depresión», alerta.

Irracional

Claudia Melo dice que la venganza se relaciona con la irracionalidad. «Personas que desean vengarse no logran pensar de manera más racional y no saben defenderse, entonces, terminan sucumbiendo al sentimiento. En esos casos, la persona guarda rencor durante mucho tiempo, no logra lidiar con eso y lo canaliza para la venganza».

Ella contempla que, aunque una persona haya sido perjudicada por otra, existen recursos buenos y racionales para enfrentar la situación.

«Hay casos en los que una conversación franca ayuda a solucionar el problema. Y hay cuestiones que pueden ser resueltas con la justicia, como cuando alguien levanta un falso testimonio. Eso es grave, pero no es necesario guardar el sentimiento de venganza. Es importante buscar buenos mecanismos para que el daño sea reparado», sugirió.

Expectativas alineadas

Bia Nóbrega destaca que en muchos casos el rencor empieza cuando una persona crea expectativas que no se concretan: «El gran secreto está en controlar nuestras expectativas con respecto al otro, ya que hay muchas variables en la realidad que no podemos controlar. A veces esperamos algo, no hablamos sobre eso con la persona involucrada y nos frustramos. Las cosas empiezan y terminan en nosotros mismos, en la forma como lidiamos con cada situación», afirma.

Para evitar que el rencor crezca e incluso se convierta en un sentimiento de venganza, el primer paso es reconocer tus propios sentimientos y no victimizarte. Después, es importante desarrollar la comunicación. «La persona necesita reconocer que está resentida y no que alguien la lastimó. Después, es importante recordar que nosotros también nos equivocamos. Para resolver la situación, es importante tener conversaciones claras, decir que está resentido, explicar el hecho que provocó eso y declarar lo que espera la próxima vez. Muchas veces el otro no sabe que la persona está resentida», alerta.

Perdón

Mientras la venganza se relaciona con la irracionalidad, el antídoto para ella es la razón. Frente a una situación que generó rencor, le corresponde a la persona que se siente resentida tomar la decisión de disipar ese sentimiento negativo. Para eso, es importante aprender a perdonar.

Quien lo explica es el obispo Renato Cardoso: «Cuando usted perdona, el mayor beneficiado es usted, ya que libera paz para sí mismo, se libera del pasado y queda libre. Las puertas de las prisiones del rencor, del resentimiento y de los deseos de venganza se abren y el pasado toma su debido lugar. Esa paz trae madurez y la comprensión de que todo ser humano se equivoca. Es muy cierto que algunos son malos, mal intencionados, pero, en su gran mayoría, las personas terminan lastimando a alguien y sin pretender hacerlo», plantea.

El obispo destaca que el fortalecimiento de la fe es importante en ese proceso. «Ore a Dios todos los días y consúltele en su oración. Si usted esta resentido, si alguien hizo algo contra usted, libere el perdón, no vaya a dormir con enojo. Un buen ejercicio está en la oración del Padre Nuestro, que Jesús nos enseñó. Uno de los fragmentos dice: «perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores», es decir, incluso antes de pedir el perdón de Dios, nosotros tenemos que perdonar a quien nos ofendió, de lo contrario no seremos perdonados por Dios», finaliza.

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