Los efectos de la oración en el cerebro – Parte 1

Los efectos de la oración en el cerebro – Parte 1

Por Departamento Web 2

Descubrimientos científicos muestran los beneficios de la oración para el cuerpo y, sorprendentemente, también para la mente. Hasta ahora, la ciencia sigue su camino natural: el de comprobar los hechos.

Si bien existe la inmensa facilidad para que cualquier persona ponga en práctica la oración, parece que no entendemos completamente el poder que hay detrás de esta actitud. A final de cuentas, una oración es capaz de devolver la esperanza cuando enfrentamos conflictos o hasta derribar situaciones inimaginables. En cuanto a estos aspectos, puede haber discursos escépticos y persistentemente desconfiados. Pero, aun así, siempre existirán personas apoyadas en la sinceridad —o en el dolor y la desesperación— que buscarán entenderse durante una conversación con Alguien mayor que ellas mismas. Divinamente intrigante, muchos se preguntan cuál es la complejidad que algo tan simple esconde y, por eso, no es en vano que la oración ha sido examinada por estudiosos de todo el mundo.

En Estados Unidos, por ejemplo, grandes instituciones de enseñanza, como la Escuela de Medicina de Stanford, la Universidad de Duke y la de Columbia, mantienen centros de estudios relacionados con la fe. La Universidad de Munich, en Alemania, la de Calgary, en Canadá, y el Royal Colleage of Psychiatrists, en Reino Unido, también siguen el mismo camino.

Para los científicos de la Universidad de Duke, la oración puede influenciar la capacidad del cuerpo para enfrentar enfermedades. Al investigar cómo la oración se relaciona con la cura, con memorias traumáticas e incluso con la depresión, los estudiosos notaron un aumento de la actividad cerebral —precisamente en el córtex prefrontal, al monitorear a voluntarios a través de equipos antes y después de la oración.

De entre las conclusiones, una señaló que el aumento de la actividad en el córtex prefrontal estaría relacionado con el aumento del control cognitivo sobre las emociones —algo que ayudaría a «disociar la memoria de sentimientos traumáticos»—. En una publicación de la revista Elementary Therapies in Medicine, los investigadores también observaron una mayor actividad en la región precuña (o precúnea) antes de la oración. Se considera que esta región del cerebro está involucrada en la conciencia basada en experiencias presentes y recuerdos pasados, y también gestiona los procesos emocionales. «Nuestra hipótesis es que, antes de la intervención, los sujetos luchaban con emociones dolorosas relacionadas con recuerdos traumáticos», describe el estudio.

Aunque existen limitaciones en los estudios mencionados, los resultados siguen planteando de forma intrigante cómo la oración podría tener impacto en el pasado (y absolvernos de su peso), en el presente y en lo que está por venir.

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Dios está en tu cabeza

Dedicados en el análisis de la influencia de la oración, otros investigadores buscaron saber si sería posible estimular «experiencias espirituales» en el cerebro. Después, la atención se centró en un área que se conoció científicamente como «God Spot» o «Punto de Dios»: una región en el cerebro para procesar la fe. No es coincidencia que este punto haya recibido el apodo de Punto de Oración.

El artículo «Belief and the Brain’s God Spot», publicado en el portal Independent, de Reino Unido, destaca que «la creencia en Dios está profundamente enraizada en el cerebro humano». Y cita un estudio de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences que involucró análisis cerebrales de voluntarios a quienes se les pidió que pensaran en problemas y también en cuestiones espirituales y morales.

Los investigadores descubrieron que «las personas de diferentes convicciones y creencias religiosas —así como los ateos— tendían a usar los mismos circuitos eléctricos en el cerebro para resolver un enigma moral que los mismos circuitos fueron usados cuando lidiaban con cuestiones relacionadas a Dios». La investigación enumera que diferentes áreas del cerebro estuvieron involucradas, incluyendo los lóbulos frontales del córtex, que son exclusivos de los humanos, y regiones más profundas en términos de evolución.

En cuanto al lóbulo frontal, parece ser citado constantemente en investigaciones que correlacionan el cerebro con la oración. Siendo uno de los 5 lóbulos que conforman el cerebro, en él interactúan millones de neuronas. Es allí en donde se encuentra la corteza prefrontal, considerado una especie de central de control.

La publicación «What Constitutes the Prefrontal Cortex?», en la revista científica Science, muestra que la corteza prefrontal gestiona «procesos emocionales, sociales, motivacionales y perceptivos», teniendo un papel innegable en la toma de decisiones. Por su parte, el artículo «Human Prefrontal Cortex: Evolution, Development, and Pathology» cita que el lóbulo prefrontal es fundamental para «muchas habilidades cognitivas consideradas particularmente humanas». A final de cuentas, a él le corresponde la comprensión y la viabilidad de la memoria, la concentración y la atención y actuar en la inhibición de acciones (como las poco amables, por ejemplo), el control de impulsos, la resolución de problemas y el acto de gobernar las emociones.

Parece ocurrir una sorprendente química cerebral cuando se ponen las rodillas en el suelo. Cuando se ora, se libera una cascada dopaminérgica (que regula el centro del placer) y se acompaña de otros neurotransmisores como la vasopresina, la norepinefrina y el cortisol (que activan la respuesta de lucha o fuga). Contrariamente a lo que se deducía, la oración puede ser muy estimulante. Además, el nivel de serotonina, relacionada con el estado de ánimo, también puede alterarse positivamente. La oración también parece capaz de expandir considerablemente la masa encefálica.

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Muchos de estos descubrimientos que fusionan la fe y la razón han surgido por la curiosidad del médico Andrew Newberg, un destacado neurocientífico que se ha dedicado a estudiar los efectos de la oración en el cerebro. Es profesor asociado de radiología, medicina y filosofía en la Universidad Thomas Jefferson, en Filadelfia, Pensilvania, Estados Unidos, y es el director del Centro de Neuroteología de la misma universidad. Newberg ha realizado numerosos estudios en este campo, y se le atribuye el descubrimiento del «Punto Divino» en el cerebro.

Newberg explica que durante la oración se activan diferentes partes del cerebro. Por ejemplo, el lóbulo frontal, que está estrechamente relacionado con la concentración y la atención, se mantiene aún más activo durante la oración. «El lóbulo frontal puede estar activo durante las etapas iniciales de la oración, cuando la persona se está enfocando en los detalles», dice Newberg. Sin embargo, la parte posterior del cerebro, representada por el lóbulo parietal, puede disminuir. Esta área es responsable de procesar la información sensorial, tanto del entorno como de nosotros mismos. «El lóbulo parietal normalmente nos ayuda a crear nuestro sentido de identidad. Entonces, cuando esta área disminuye, la perdemos», explica Newberg.

Así, se puede decir que, durante la oración, nuestro cerebro se involucra en una dinámica curiosa, silenciando algunas áreas y activando otras, desactivando en este caso el lóbulo parietal y enfocándose completamente en el lóbulo frontal. Bajo un mecanismo distinto, el cerebro comienza a funcionar de manera diferente. Esto explicaría por qué una persona que está inmersa en una vida de oración puede lidiar y resistir mejor las adversidades, por ejemplo. Newberg también enfatiza que, durante la oración, «una persona puede sentir una conexión íntima con otras personas de su congregación o incluso con Dios. Las áreas emocionales, cognitivas, sensoriales y de comportamiento del cerebro pueden estar potencialmente involucradas durante la oración, dependiendo de cómo se realice la práctica y de lo que se experimente».

Y si la dinámica cerebral se ve afectada por la oración, también lo está el cuerpo. «Nuestros estudios también han demostrado que las prácticas espirituales, como la oración, alteran los neurotransmisores en el cerebro de una manera que respalda la idea de reducir la ansiedad y la depresión. Además, reduce el estrés, lo que está relacionado con la disminución de la frecuencia cardíaca y la presión arterial, así como con el riesgo de enfermedades cardiovasculares y accidentes cerebrovasculares. Con la reducción de las hormonas del estrés, hay menos inflamación en el cuerpo, lo que mejora la función inmunológica. Todos estos procesos ayudan a comprender el mecanismo a través del cual las prácticas de oración pueden ser beneficiosas para las personas», explica.

Pero ¿son beneficiados aquellos por quienes oramos? Newberg responde: «algunos estudios no pudieron encontrar tal efecto, pero hubo quienes mostraron que orar por alguien puede tener un efecto potencial. En el campo de la neuroteología, hay muchas preguntas fascinantes que se pueden abordar en relación con el estudio de la oración intercesoria». Newberg afirma que orar «es una forma de comunicarnos con Dios, alabarle y nos ayuda a sentirnos conectados con Él».

El autor de decenas de libros, como How God Changes Your Brain, destaca que la práctica de la oración es capaz de modificar numerosas estructuras cerebrales: es decir, cuanto más una persona piensa en Dios, mayores serán las alteraciones en los circuitos neurales.

Este es tan solo un resumen que explora algunos de los diversos estudios científicos sobre este tema.

La próxima semana tendremos para ti la segunda parte.

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