El primer paso para dejar de ser adicto

El primer paso para dejar de ser adicto

Por Redacción Periódico

“Siempre he sido así”, “no voy a cambiar”, para mí no hay solución”, “yo no soy alcohólico, dejo de tomar cuando quiero” son algunas de las frases que dicen los adictos cuando se les cuestiona sobre la adicción que padecen.

Quizá, uno de los pasos más difíciles para vencer cualquier problema es reconocerlo, pues ¿cómo buscarás ayuda para solucionar algo que, según tú, no tienes?

Aceptar que uno no puede solo y que necesita ayuda es una decisión muy importante para lo que se requiere mucho valor; es difícil, pero sin duda es el primer peldaño de la escalera que te llevará a una rehabilitación exitosa.

De acuerdo con diversos psicólogos, reconocer que tenemos un problema puede ser complicado por el miedo de admitirlo, ya que salir de nuestra zona de confort implica un cambio y a muchos los cambios les generan miedo e incertidumbre por ser algo desconocido.

Además, es importante que sepas que tanto los malos hábitos como las malas decisiones que has tomado no son parte de tu destino y, por lo tanto, puedes revertir tu historia.

Tu capacidad de razonar y entender puede ser tu aliado e impulsarte a buscar soluciones. Reconocer que existe una fuerza mayor que tú, que tienes un problema como una adicción, que necesitas una solución con urgencia, puesto que afecta todo tu entorno y que no puedes lograrlo solo, te traerá muchos beneficios.

Si padeces alguna adicción que no te deja en paz y por más que lo intentas, vuelves a recaer, puedes acudir al Propósito de Fe en Contra de los Vicios, donde por medio de tu fe, vencerás aquello que “parece ser más fuerte que tú”.

No te critiques ni te juzgues, puedes salir adelante.

“La marihuana y la cocaína fueron mi perdición”

“Empecé a tomar, fumar y a drogarme desde los 11 años de edad. Mi carácter soberbio me volvió antisocial, arrogante y aferrado a mis creencias. Perdí tanto la cordura que una de esas veces donde no me controlé, me dio una sobredosis por tanta marihuana que consumí.

Además, por la vida de libertinaje que llevaba, me alejé de mi familia, al grado de poner una barrera muy grande entre ellos y yo. Me inmiscuí en la prostitución y en el vandalismo, no respetaba a nadie, ni siquiera a mi madre.

Dos veces, mientras me encontraba drogado, perdí el control e intenté suicidarme, pero no lo logré. El vicio era tan grande que me olvidé por completo hasta de mis necesidades básicas, como dormir y comer. Mi sistema nervioso y presión arterial estaban afectados, eso tampoco me importaba.

Justo cuando estaba tocando fondo, conocí la Universal y asistí al Propósito de Fe en Contra de los Vicios, la fe en Dios y el apoyo de mi familia fueron indispensables para dejar de drogarme. Para lograr un cambio completo, me alejé de las malas amistades. Ahora no tengo ningún tipo de vicio, duermo bien y soy otro David.

La marihuana y la cocaína fueron mi perdición, pero afortunadamente, Dios me rescató”, David Alonso.

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