Para los que luchan por alguien

Para los que luchan por alguien

Por Departamento Web

Después de nuestro encuentro con Dios, inmediatamente viene a nosotros una inmensa preocupación por nuestros seres queridos. Y tal preocupación se extiende incluso a los parientes más lejanos, así como a meros desconocidos.

Esto sin hablar de los hijos, los hermanos, el esposo, la esposa, el padre, la madre, etc. Esa parte de nuestra familia nos trae una inmensa angustia cuando pensamos en sus almas y sus respectivos destinos. Eso realmente es capaz de producir lágrimas en nuestros ojos, e incluso nos lleva a tener una sensación de tristeza, que no sabemos de dónde viene. En realidad, esto se genera por la intensa preocupación por la salvación de las demás personas.

Esa es la cuestión, y esto no lo resuelve, y nosotros también sabemos eso, ¿no es así? ¿Confrontarlos? ¡Ni pensarlo!

Entonces, ¿qué debemos hacer ante tan gran preocupación por el alma de las personas que miramos a los ojos, oímos su voz, sentimos su aroma y podemos abrazar fuertemente, a veces, queriendo transmitirles lo que tenemos para ellos a través de ese abrazo?

¿Qué hacer con nuestra mirada en dirección a ellos, cuando están distraídos, y nos cuestionamos, en nuestro interior, por qué razón aún no se han convertido? ¿O cuándo eso se volverá real y visible a nuestros ojos?

¿Realmente qué tenemos que hacer? ¿O cómo debemos comportarnos con los familiares cuyos pies corren hacia el abismo?

Veamos lo que nuestro padre en la fe aconsejó en Lucas 16:29

“Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos.”

En otras palabras, tenemos que creer en el trabajo del Espíritu Santo, a través del Evangelio, a través de los desconocidos. Y tenemos que clamar para que nuestros familiares oigan y sean sensibles a la voz Divina. Incluso porque esa voz no siempre viene a través de la boca de un ser humano. El Dios Altísimo, definitivamente, sabe muy bien trabajar solo. Vea lo que Él hizo con Pablo, cuando aún era Saulo:

“Pero aconteció que yendo yo, al llegar cerca de Damasco, como a mediodía, de repente me rodeó mucha luz del cielo; y caí al suelo, y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hechos 22:6).

Ah, ¡qué alivio saber que no es necesariamente a través de nuestras palabras o insistencia que Dios hablará con nuestros familiares!

En la conversión de Pablo, tenemos la prueba de que el Espíritu Santo es independiente, Él es capaz y suficiente para salvar, Él no necesita de mí ni de usted, Él excluye la voz humana muchas veces, para hablar por Sí solo en alto y excelente sonido.

Ese es el secreto: dejar que el Espíritu de Dios haga Su trabajo, aunque eso nos asuste. Pues, con Saulo fue necesario que tuviera una ceguera, una enfermedad cayó sobre él, para que después de la cura fuera posible que el Propio Dios habitara dentro de él.

No se asuste cuando algo aparentemente malo suceda con la persona por la que usted ha luchado, antes, recuerde que Saulo tuvo que estar ciego y caerse del caballo para transformarse en Pablo. Y sepa que Dios no necesita usar a nadie, Él usa porque quiere, así de simple.

Nosotros no podemos estar con nuestros familiares en todos los lugares. Si su hijo (a) cierra la puerta del cuarto para impedirle entrar, no se entristezca, Dios no usa puertas, Él es omnipresente.

Solo es suficiente un roce del Espíritu Santo para derretir cualquier corazón de piedra-

¡Ore y confié que su Saulo pronto será Pablo!

Amén.

Bianca Carturani

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