Él disfrutaba la compañía de Jesús, pero…

Él disfrutaba la compañía de Jesús, pero…

Por Social Media

Judas Iscariote estuvo al lado del Mesías, pero en su interior estaba su verdadero rostro

El Señor Jesús siempre les enseñó a los 12 apóstoles sobre el arrepentimiento de los pecados, el Reino de Dios, el amor y la salvación. Sin embargo, Judas Iscariote no le dio atención a eso. En realidad, él se interesó por el Mesías a causa del poder que esta relación le traería a él.

Lo que está en el interior se revela en las acciones

En varios momentos, Judas Iscariote no estaba de acuerdo con las enseñanzas de Jesús. Él cenaba con el Hijo de Dios, presenciaba la realización de milagros y también estaba presente cuando el Maestro dijo que uno de los discípulos lo traicionaría. Tuvo oportunidades para arrepentirse y cambiar, sin embargo, estas no fueron suficientes. A pesar de haber convivido durante 3 años con Jesús, su interior y sus actitudes no fueron transformados.

A causa de su pobreza de espíritu, Judas Iscariote era vulnerable a las voces y acciones del diablo y, por lo tanto, era influenciado cada vez más por él para cometer más errores.

Viviendo como Judas

Al analizar a este personaje bíblico, entendemos que Judas Iscariote conocía a Jesús personalmente, pero no pertenecía a Él. De esa forma, concluimos que no es suficiente conocer al Maestro, ver sus milagros e incluso expulsar demonios en su Nombre.

Actualmente, muchas personas también dicen que conocen a Jesús, frecuentan la Iglesia, escuchan la Palabra de Dios, reciben la oportunidad de abandonar el pecado y de asumir una nueva vida, sin embargo, así como Judas Iscariote, lo desprecian. Jesús sabía que él lo traicionaría, pero nada hizo para que, en seguida, cumpliera su misión de Salvación, como está escrito:

«Jesús les respondió: ¿No os he escogido Yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo?» (Juan 6:70).

Por motivos de sus elecciones, Judas Iscariote, al final de su vida, dominado por el remordimiento, se suicidó, como registran las Santas Escrituras: «… Judas se desvió para irse al lugar que le correspondía». Ese «lugar» fue revelado en las Palabras de Jesús cuando Él oró a Dios: «Cuando estaba con ellos, los guardaba en Tu nombre, el nombre que me diste; y los guardé y ninguno se perdió, excepto el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliera» (Juan 17:12).

La tristeza de Dios y la tristeza del mundo

Al respecto, el obispo Edir Macedo habló de dos tipos de tristeza: la que es provocada por el Espíritu de Dios —que lleva a la persona al arrepentimiento y a la salvación— y la tristeza del mundo —que provoca remordimiento y muerte—. Él explicó que la tristeza del mundo no provoca ningún cambio. «Judas se quedó con aquel sentimiento de pesar, que no es un verdadero arrepentimiento, sino un sentimiento de remordimiento. Es como la persona que hizo un mal y se siente apesadumbrada porque perjudicó a alguien, pero ella no se arrepintió. Judas sintió remordimiento y terminó matándose. […] Pero la tristeza que proviene de Dios lleva al arrepentimiento».

Por eso analiza, no seas como Judas Iscariote. Aprovecha las oportunidades para tener el verdadero arrepentimiento. Participa en las reuniones que se llevan a cabo diariamente en el Templo de los Milagros, Av. Revolución núm. 253, col. Tacubaya, CDMX. O bien, acude a la Universal más cercana a tu domicilio.

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