4 actitudes que revelan a un falso cristiano

4 actitudes que revelan a un falso cristiano

Por Editores 2

Es muy común encontrar personas que dicen ser asiduas seguidoras de Cristo, sin embargo, en su esencia y en el día a día, no viven lo que las Sagradas Escrituras hablan sobre la fe en Él. La caminata cristiana reserva algunos desafíos que, muchas veces, son difíciles de encarar.

Por eso, vemos una ola de falsos cristianos que, aparentemente, son fervorosos en su fe, pero que, en su interior, están lejos de Él.

Separamos algunas actitudes que identifican a un falso cristiano, no para que usted salga juzgando a las personas a su alrededor, sino para que se evalúe y vea si realmente está en la fe y lo que necesita hacer para cambiar. Vea a continuación:

  1. Se la vive hablando de la vida ajena

Hablar del amigo, del vecino o del compañero de trabajo es bastante normal entre las personas. El problema es que no siempre se habla bien. Los comentarios, en su mayoría, se hacen para señalar los errores ajenos.

Cuando dejamos de juzgar y hablar mal de una persona, olvidamos el sacrificio que el Señor Jesús hizo por ella. Independientemente del error que la persona ha cometido, el Señor Jesús ya se entregó por ella y no son los comentarios que van a hacerla salir de la situación en la que vive.

No chismee, ore. En el libro de Santiago, capítulo 5, versículo 16, Santiago enseñó exactamente cuál debe ser nuestro comportamiento con nuestros hermanos.

“Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros…” (Santiago 5:16).

Por lo tanto, no juzgue ni hable mal. Incluso porque, al final, cada uno rendirá cuentas de sí mismo a Dios (Romanos 14:12).

  1. Se compara constantemente con los demás

Este es un problema serio. En realidad, es injusto; injusto con usted y con las demás personas. Cada uno recibió su llamado de Dios. Cada ser humano tiene su peculiaridad y no es sabio que se compare con su compañero de trabajo, hermano, o quienquiera que sea.

El problema de la comparación es que usted intenta igualarse a una persona totalmente diferente de usted. Eso puede terminar generando un sentimiento de disputa. En la Biblia tenemos un ejemplo de un ángel que quiso compararse y, consecuentemente, intentar ser mejor que el propio Dios. El diablo no se contentó con ser un ángel de luz, quería ser como Dios.

Pero la verdad es que cada uno tiene su papel. Imagine si Pedro se sintiera menos importante que Juan, que anunció la llegada de Jesús. Actuando así, él dejaría de mirar lo que Dios le había reservado.

Por eso, es importante que usted conozca su propósito aquí en la Tierra y siga el rumbo hacia Sus proyectos. Cuando eso sucede, usted deja de compararse con los demás, pues sabe que su amigo, compañero o sea quien sea tiene un propósito diferente del suyo. Cada quien con su importancia y su valor.

  1. No ama al prójimo

Tal vez, usted ya haya escuchado a algún cristiano repetir la siguiente frase: “Bandido bueno es bandido muerto”. ¿Logra percibir la falta de amor presente en esta frase? El verdadero cristiano siente el dolor de las personas que viven sin Él.

“Vivo yo, dice el Señor Dios, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis, oh casa de Israel?” (Ezequiel 33:11).

Dios no se alegra al ver a una persona morir sin conocerlo, ¿por qué usted se alegraría? Es fácil amar al prójimo cuando este es un familiar suyo, un gran amigo, o cónyuge, entre otros. Difícil es decidir amar a quien le perjudicó, a quien le hizo daño.

El segundo mandamiento ordena justamente que amemos al prójimo como a nosotros mismos (Mateo 22:39). Amar se refiere a presentar al Señor Jesús a quien aún no Lo conoce y se alegra con su Salvación.

  1. No tiene tiempo para leer y practicar la Palabra de Dios

Leer y practicar Su Palabra parece un medio obvio para quien desea seguirlo, pero crea, muchos no lo hacen. Infelizmente, muchos cristianos tienen contacto con la Biblia solo cuando están en la iglesia. No se preocupan en tener tiempo para meditar en ella cuando están solos en casa.

“El que tiene Mis mandamientos, y los guarda, ése es el que Me ama” (Juan 14:21).

Para amar a Dios es necesario guardar Sus Palabras y practicarlas. No sirve tener solamente conocimiento teórico.

El verdadero cristiano siempre separa un tiempo para meditar en las Escrituras y desarrollar su comunión con Él, pues entiende que así estará más cerca de Dios y, consecuentemente, tendrá más fuerzas para poner en práctica las 4 cuestiones anteriores.

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