Siempre habrá una última puerta

Siempre habrá una última puerta

Por Redacción Periódico

Ante el problema que te quita la paz, es común que creas que has hecho de todo y que ya no hay nada más que hacer. Pero no es así, por peor que sea la situación, siempre habrá una última puerta.

Este último recurso no es común, su base está en las Santas Escrituras. Se trata de un voto sagrado que es usado en última instancia. Cuando descubres la importancia que tiene, entenderás que es capaz de cambiar una decisión de Dios (lee Jonás 3). Esta última puerta se llama: Ayuno Colectivo, pero no todos conocen su poder.

Durante años, el pueblo de Dios guardó este secreto valioso que solo debía ser usado en los momentos más difíciles. Consiste en juntar a cientos de personas para que puedan ayunar juntas y alcanzar, por su fe, un favor de Dios. A través de las enseñanzas del propio Señor Jesús se puede entender que existen problemas que solo pueden ser resueltos por medio de este voto.

¿Qué te ha estado quitando la paz a lo largo de los años y no lo has podido vencer? ¿Cuánto tiempo más piensas soportarlo? ¡Es el momento de darle un basta! En el Ayuno de los Casos Imposibles, aprenderás de qué forma usar el poder de tu fe y del ayuno para hacer las cosas posibles. No te pierdas esta oportunidad, te esperamos.

 

“Tenía cáncer en la matriz, 18 quistes en un seno y 16 en el otro”

 

Teresa Hermenegildo

El infierno inició cuando me detectaron cáncer en la matriz, 18 quistes en un seno y 16 en el otro. Los doctores me dijeron que me extirparían la matriz y me quitarían los senos.

Duré 12 años con hemorragias, dolores, anemia y depresión. Los medicamentos solo me dejaban dormida, nunca me sanaron ni me quitaron los dolores y estando adormilada, no podía atender bien a mis hijos. No lograba desempeñarme en el trabajo, pues tenía que salir tempano a causa de las hemorragias.

Pensaba cómo juntar dinero para poder operarme. No me alcanzaba porque gastaba en medicamentos.

A causa de todas las enfermedades, visité a personas que hacían limpias, incluso llevé a mis hijos. Pero esto trajo consecuencias, dormíamos en un solo cuarto porque teníamos miedo; se escuchaban voces extrañas, pasos, cadenas o canicas en el techo; nos tocaban la puerta, abríamos y no había nadie; las luces se apagaban y encendían y la cama se movía.

Por tantos problemas, mi hermana me invitó al Centro de Ayuda Universal. Manifestando el poder de la fe, Dios me sanó del cáncer y los quistes. No fue necesario que me operaran. Mi familia y yo encontramos la paz y la tranquilidad, pues dejamos de tener esos tomentos espirituales. Vale la pena venir, siempre y cuando se haga con fe”.

 

Sigue leyendo: ¡Dios derriba las puertas que te han cerrado!

   

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