¿Qué le separa de Dios?

Si el Señor Jesús murió en la cruz por todos y quiere que Su Espíritu Santo habite en nuestro interior, ¿por qué algunos no lo reciben? Durante el Santo Culto del 28 de diciembre, el obispo Franklin Sanches explicó que quienes no han tenido esa experiencia es porque no han tomado la decisión de entregarse por completo a Él.
Y es que Dios no demora en cambiar vidas y hacer milagros, más bien, al ser humano le gusta postergar las cosas y retrasar la decisión de romper con lo que no vale la pena.
Como los cangrejos
Una historia popular cuenta que un hombre se dedicaba a pescar cangrejos y los colocaba en un balde sin tapa. Movido por la curiosidad, otra persona se acercó a preguntarle por qué no tapaba el recipiente, pues los cangrejos podían escapar. No obstante, el hombre explicó que no había problema, pues cuando uno intentaba subir y salir, los demás lo jalaban hacia el fondo nuevamente.
El obispo explicó que esa es una realidad en la vida espiritual de algunas personas; hay ciertas cosas o personas que tenemos que cortar de nuestra vida, porque si no, nos llevarán hacia abajo. Por ejemplo, relaciones que no son buenas o que solo nos perjudican.
El apego retrasa la bendición
En cada situación, el propio Espíritu Santo nos va mostrando qué es lo que necesitamos soltar para ser bendecidos, pero no nos fuerza a nada, porque respeta nuestro libre albedrío. No obstante, con seguridad, «hay cosas que Dios ya podría haber hecho en su vida, pero que no suceden porque usted aún no cede».
«Y también Lot, que andaba con Abram, tenía ovejas, vacas y tiendas. Y la tierra no podía sostenerlos para que habitaran juntos, porque sus posesiones eran tantas que ya no podían habitar juntos» (Génesis 13:5).
Cuando Dios eligió a Abraham, le dijo que saliera de su tierra, de entre sus parientes, y de la casa de su padre, a la tierra que Él le mostraría, y fue muy claro: tenía que ir solo con su esposa, pero por apego, llevó a su sobrino Lot también.
«Hubo, pues, contienda entre los pastores del ganado de Abram y los pastores del ganado de Lot. […] Y Abram dijo a Lot: Te ruego que no haya contienda entre nosotros, ni entre mis pastores y tus pastores, porque somos hermanos. […] Te ruego que te separes de mí: si vas a la izquierda, yo iré a la derecha; y si a la derecha, yo iré a la izquierda. Y alzó Lot los ojos y vio todo el valle del Jordán, el cual estaba bien regado por todas partes (esto fue antes de que el Señor destruyera a Sodoma y Gomorra) como el huerto del Señor, como la tierra de Egipto rumbo a Zoar» (Génesis 13:7-10).
Lot no se guiaba por la fe ni por las promesas de Dios, sino por lo que veía. Pero Dios permitió esa situación entre ellos para que Abraham decidiera separarse de su sobrino. Asimismo, el Altísimo quiere que usted tome decisiones radicales para ver Su gloria. De acuerdo con el obispo, «la fe es radical; es todo o nada».
Una gran lección
«Y alzó Lot los ojos y vio todo el valle del Jordán, el cual estaba bien regado por todas partes (esto fue antes de que el Señor destruyera a Sodoma y Gomorra) como el huerto del Señor, como la tierra de Egipto rumbo a Zoar» (Génesis 13:10).
Lo que Lot había visto parecía un paraíso, y eligió ese lugar, solo que esa tierra —Sodoma y Gomorra— era la que Dios destruiría más adelante. «Toda persona que se guía por los ojos termina tomando decisiones equivocadas», comentó.
«Y escogió Lot para sí todo el valle del Jordán; y viajó Lot hacia el oriente. Así se separaron el uno del otro. Abram se estableció en la tierra de Canaán, en tanto que Lot se estableció en las ciudades del valle, y fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma. Y los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra el Señor en gran manera. Y el Señor dijo a Abram después que Lot se había separado de él: Alza ahora los ojos y mira desde el lugar donde estás hacia el norte, el sur, el oriente y el occidente, pues toda la tierra que ves te la daré a ti y a tu descendencia para siempre» (Génesis 13:14-15).
La bendición de Abraham debió llegar desde antes, pero vino tan pronto como él tomó la decisión de hacer esa separación. Tal vez usted no quería separarse ni terminar con lo que sabe que no agrada a Dios: amistades, relaciones, trabajos, lugares, costumbres, ideas, culpas, etc., ¡pero Jesús le trajo hasta Su presencia para realizar cosas grandes! «Quiero invitarlo a que también se separe (de lo que le hace daño)». Pues tan pronto como Abraham tomó la decisión, Dios le mostró la promesa. Y si lo decide ahora, el Espíritu Santo será derramado sobre su vida.












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