Mente limpia, vida nueva

Mente limpia, vida nueva

Por Departamento Web 2

Nadie se siente orgulloso de hacer lo incorrecto. Ningún hombre se siente así al golpear a su esposa y, como sabe que está equivocado, después le pide perdón, prometiéndole que no lo volverá a hacer; sin embargo, no lo consigue y su naturaleza violenta resurge. ¿Por qué pasa esto?

Durante el Santo Culto del pasado domingo 25 de febrero, el obispo Franklin Sanches explicó que ningún ser humano puede cambiar a una persona: «Ella puede cambiar de iglesia, de país, de pareja, hasta su físico, pero continuará siendo la misma. Solo cambia por fuera, pero no lo que está en el interior», destacó.

Esto lleva a formular la siguiente cuestión: si nada de este mundo puede transformar a alguien, ¿qué lo puede hacer? La respuesta nos la da el propio Señor Jesús:

«Había un hombre de los fariseos, llamado Nicodemo, prominente entre los judíos. Este vino a Jesús de noche y le dijo: “Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer las señales que Tú haces si Dios no está con él”. 

Jesús le contestó: “En verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el Reino de Dios”.

Nicodemo le dijo: “¿Cómo puede un hombre nacer siendo ya viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer?”.

Jesús respondió: “En verdad te digo que el que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios.”» (Juan 3:1-5). 

Al respecto, el obispo destacó dos puntos.

Primero, Nicodemo se fijó en los milagros de Jesús, y así como él, muchos hacen lo mismo e incluso piensan que cuando alguien recibe bendiciones implica que esa persona es de Dios. Sin embargo, «eso no significa que Dios está en su vida, sino que ese alguien creyó en Su Palabra y usó la fe en Él».

Entonces, para saber que alguien es de Dios, es necesario observar la conducta. Pues, como ya se describió, hay quienes ya recibieron milagros, pero esos cambios fueron externos, y su interior sigue siendo el mismo, continúan agresivos, nerviosos, etc.

Esto lleva al siguiente punto: lo que hace que una persona cambie de verdad y se vuelva de Dios es el nuevo nacimiento. «Quien nace como una nueva criatura cambia su manera de ser, y todo el mundo se da cuenta porque su conducta cambia: si era una persona nerviosa, majadera, etc., deja de serlo. Es decir, pasa a tener la naturaleza de Dios y la mente de Cristo; empieza a cambiar sin que nadie le obligue, usted mismo ya no se siente bien haciendo lo que hacía, va cambiando por que el Espíritu Santo, junto con la Palabra de Dios, transforma el interior de la persona», destacó.

Pero, haciendo la misma pregunta que Nicodemo, ¿cómo es posible lograr el nuevo nacimiento?

Hay dos elementos fundamentales que hacen a alguien nacer de Dios: el agua (la Palabra de Dios) y el Espíritu Santo.

«Cuando la persona comienza a conocer Su Palabra, va cambiando sus pensamientos y su manera de ser, pues la Palabra lava las ideas y conceptos erróneos que ella tenía. Si es alguien violento, al conocer la Palabra, va entendiendo que no puede ser así. Es decir, la va disciplinando sin que nadie se lo imponga. Mientras tanto, el Espíritu Santo la convence por medio de la Palabra de que estaba equivocada; solo Él tiene el poder de transformarla cuando la persona quiere y dice que ya no quiere vivir de la misma manera.

Nacer de nuevo no es opcional, es una necesidad; porque solo entrarán al Cielo los hijos de Dios, y ellos solo son engendrados por el agua y el Espíritu Santo», finalizó.

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