El pacto de la promesa

El pacto de la promesa

Por Departamento Web 2

Todo el mundo quiere una vida bendecida, llena de éxito, conquistas, con paz y felicidad; no obstante, pocos lo consiguen. Por ello, el secreto para alcanzar una vida transformada fue revelado en el Santo Culto del pasado domingo 26 de noviembre, en donde el obispo Franklin Sanches explicó la importancia de tener un compromiso, un pacto, una alianza con Dios.

«Cuando usted inicia una relación es porque quiere una cosa seria, quiere un compromiso, ¿o no es verdad? Lo mismo Dios. Él quiere compromiso, no quiere que yo venga a la iglesia, ore y quiera resolver mis problemas, pero que no quiera tener absolutamente nada con Él, no lo acepta porque Él es un Dios de Pacto, quiere tener una alianza con nosotros, al igual que en un matrimonio», dijo el obispo.

Además, enfatizó que Dios no nos trae a Su presencia para que tengamos una vida peor que la que teníamos sin Él, al contrario, desea que tengamos un mejor presente y futuro, no una vida mediocre, llena de carencias y limitaciones; Él quiere darnos lo que nunca tuvimos, cuidarnos, protegernos y sustentarnos, porque Él es un Dios que se manifiesta, que se hace presente. Pero para ello, primero debe existir una entrega total en Su Altar. Similar a cuando alguien se casa, porque ahí decide que a partir de ese momento su vida será para la otra persona y la vida de aquella persona será para usted; es un sacrificio, una entrega total, una alianza.

Esto explica el porqué Dios, al sacar a Israel de Egipto, no los llevó directamente a la Tierra Prometida a pesar de que existía un camino más fácil y rápido de 11 días de trayecto, Él no permitió que el pueblo fuera directo a la Tierra prometida, porque todo lo que viene de la mano de Dios exige un esfuerzo, exige sacrificio.

«“¿Pero por qué, obispo?, ¿por qué tiene que haber sacrificio?, ¿por qué, si Jesús ya sacrificó, yo tengo que sacrificar?”. Porque el sacrificio es un acto de fe. Solo sacrifica la persona que cree, si yo no creo, no sacrifico, si yo no creo, no me entrego. Yo me entregué a Raquel porque creí, tuve fe de que mi matrimonio iba a funcionar, por eso me entregué a ella. Si usted no se entrega es porque no tiene fe. Si usted no sacrifica es porque no hay fe», aclaró el obispo Franklin.

Entonces, cuando Dios llevó al pueblo de Israel por el desierto dirigiéndolos por el camino más largo, el que implicó en ellos paciencia, esfuerzo y sacrificio, fue justamente porque Él quería un compromiso con el pueblo, por ello los llevó al monte Sinaí, que es el Altar natural de Dios. En ese lugar hizo un pacto con ellos en el que prometió que Su Presencia iría por delante del pueblo.

Asegurar la presencia de Dios fue fundamental para que el pueblo de Israel alcanzara la victoria; y hoy no es diferente, pues el obispo mencionaba que todo lo que el ser humano haga sin la presencia del Señor va a fracasar. Muchos pueden conquistar con su inteligencia y capacidades empresas, casas, carros, un matrimonio, etc. Pero en algún momento eso va a ser un motivo de sufrimiento para esa persona: matrimonios fracasados, empresas en la quiebra, deudas, frustraciones, etc. Porque todo fue conquistado por la fuerza humana y no con la presencia del Creador.

Por lo tanto, Dios no quería que el pueblo de Israel conquistara la Tierra Prometida para después perderla, y lo mismo pasa hoy. Esa es la razón del porqué tener el Espíritu Santo no es opcional, porque Él es el que fortalece, orienta, guía, da sabiduría: «es el Espíritu Santo quien le va a sustentar en las horas difíciles que usted enfrente; porque, en esa jornada, ese camino hasta la Tierra Prometida, es decir, las bendiciones, vamos a tener que enfrentar diversas situaciones y si no tenemos la Presencia de Dios, no vamos a poder, no vamos a soportar», señaló.

Sin la presencia de Dios, las personas invariablemente estarán llenas de dudas, inseguridades, propensas a deprimirse, con una vida y una fe inestable. Pero con el Espíritu Santo tendrán fuerzas para enfrentar lo que sea. Sin embargo, para que Su presencia sea una realidad, ellas tienen que asumir un compromiso con Dios a través de una entrega total, todo de sí mismas por el todo de Dios, no hay término medio. Él tiene que ser su prioridad y ese compromiso se verá reflejado en sus actitudes al apartarse del pecado, de todo lo que va en contra de Dios, porque decide hacer de Él su único Dios. No hay más o menos, es toda su vida; eso es un pacto.

«Entonces Dios contestó: “Voy a hacer un pacto. Delante de todo tu pueblo haré maravillas que no se han hecho en toda la tierra ni en ninguna de las naciones. Y todo el pueblo en medio del cual habitas verá la obra del Señor, porque es cosa temible la que haré por medio de ti.”» (Éxodo 34:10).

Todo mundo quiere la Tierra Prometida, pero el primer paso es tener un pacto con el Señor, para que así puedan experimentar las maravillas de Dios en su vida y que todo el mundo las vea, de tal manera que cuando le pregunten cómo lo logró, usted dirá: «Yo pude hacerlo porque hice un pacto con Dios».

Sin importar quién sea la persona, su pasado, sus errores, Él quiere hacer un pacto y restaurar toda su vida. «Usted puede estar con su vida destruida, incluso puede que nadie dé un peso por usted, pero si se entrega a Jesús, Él le va a mostrar Su poder. Si usted hoy decide “yo voy a darlo todo, no voy a dar un pedazo, es toda mi vida, le doy todo a Dios porque yo quiero todo de Él”, entonces hoy usted saldrá de aquí transformado, porque el Espíritu Santo vendrá sobre su vida y le dará Su Presencia», finalizó.

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