El buen ejemplo y el cuidado de los demás debe comenzar en el núcleo familiar

El buen ejemplo y el cuidado de los demás debe comenzar en el núcleo familiar

Por Departamento Web 2

Desde el momento en que una persona asume la fe en el Señor Jesús, su mayor anhelo es tomar su testimonio personal y hablar de este amor que salva, libera y transforma la vida de quien se entrega a Él al mayor número de personas posible.

«Porque fragante aroma de Cristo somos para Dios entre los que se salvan y entre los que se pierden» (2 Corintios 2:15). Este versículo lo dejó el apóstol Pablo y demuestra que somos personas diferentes antes y después de conocer al Señor Jesús, porque este encuentro nos transforma de tal manera que empezamos a exhalar Su Buen Perfume y nos convertimos en mensajeros de Cristo dondequiera que estemos. Una persona llena del Espíritu Santo puede que ni siquiera diga una palabra, pero sus actitudes, gestos y reacciones revelan a Jesús en su vida.

Los cristianos mantienen el equilibrio en todas sus relaciones sociales. Eso es porque, a través de nuestro comportamiento, nuestra relación con nuestros compañeros de trabajo, escuela y universidad, tendremos la oportunidad de exhalar el Buen Perfume de Jesús.

Esto no significa que el cristiano deba ser un «amigo» de todas las personas o tolerar cualquier actitud que tomen a su alrededor. En efecto, este mensaje enseña que quien es guiado por el Espíritu Santo sabe tratar a todos y actuar -bajo su guía- con racionalidad y, en la medida de lo posible, con armonía en cualquier situación.

El origen

Muchas personas se preocupan por relacionarse bien solo con los extraños, que no les priven de su intimidad. Sin embargo, estas personas pecan porque descuidan el cuidado de la familia, que es un deber de todo cristiano. Al fin y al cabo, la familia es un proyecto de Dios que, después de crear al ser humano, declaró: «Y el Señor Dios dijo: No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda idónea» (Génesis 2:18). Al crear a Eva, Dios instituyó la primera familia.

La Biblia enseña principios claros de las relaciones familiares e instruye sobre el cuidado y respeto que debe existir: «sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo» (Efesios 5:21).

Como explica el obispo Edir Macedo, «el Altísimo deseó que los seres humanos vivan en la Tierra la misma unidad que Él vive en el Cielo. Esto sería posible a través de la armonía en la familia y en la Iglesia».

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Por eso, en muchos pasajes, la Biblia enfatiza cuánto valora el Creador a la familia. En una de sus epístolas, por ejemplo, el apóstol Pablo, lleno del Espíritu Santo, orientaba sobre la relación entre padres e hijos: «Hijos, obedeced a vuestros padres en el Señor, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre (que es el primer mandamiento con promesa), para que te vaya bien, y para que tengas larga vida sobre la tierra. Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en la disciplina e instrucción del Señor.» (Efesios 6:1-4).

Los padres reciben de Dios la autoridad sobre sus hijos, pero deben saber ejercerla sabiamente y educarlos en el camino de la fe, que es la mayor herencia que se les puede dejar. Los hijos, a su vez, deben ser obedientes a sus padres, pues esta es la principal forma de honrarlos.

Si los valores familiares fueran respetados como se merecen, se evitarían muchos problemas sociales. Entonces, si eres padre o madre, recuerda siempre que los niños son formados por la vida social. Aquí es donde forjan sus primeras conexiones emocionales y aprenden reglas y valores bíblicos. Por lo tanto, la pareja es la base del núcleo familiar. Piensa por un momento cuántos problemas sociales se evitarían si los padres construyeran un ambiente con principios sólidos para sus hijos, a la luz de las Sagradas Escrituras, sin religiosidad, hipocresía, incredulidad, egoísmo.

Es casi la mitad de 2022 y muchas personas han dejado atrás las «resoluciones de Año Nuevo», con muchas de esas promesas que involucran mejores relaciones con la familia. ¡Aún hay tiempo! Aprovecha que el 2022 tiene más de seis meses por delante y empieza de inmediato a cuidar la relación con tu familia. No esperes más para tomar esa actitud.

A partir de la mejora de tu vida familiar, todas tus relaciones personales se desarrollarán y tu vida mejorará considerablemente. Después de todo, la familia es la base de toda sociedad.

Cuiden con amor a la familia que Dios les ha dado, preséntenla constantemente en la oración, escúchenla, denle cariño y atención. Recuerda que la vida pasa rápido.

El verdadero éxito de una persona radica en la relación armoniosa con su familia. A veces hay diferencias entre las personas, ya que cada uno es único en su forma de pensar. Sin embargo, el Nacido de Dios lucha por su matrimonio y no descuida la educación de sus hijos. El deseo del Altísimo es que las familias sean bien estructuradas, felices, equilibradas e involucradas en la fe, el amor y la comprensión.

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