«Yo honro a los que me honran»

«Yo honro a los que me honran»

Por Departamento Web 2

El Santo Culto del pasado domingo 26 de mayo tuvo como tema central la honra a Dios y, para tratarlo, el obispo Franklin Sanches habló acerca de Abraham y el sumo sacerdote Elí; pues mientras con el primero se ejemplifica lo que Dios está buscando en los seres humanos, con el segundo mostró cómo alguien puede deshonrar a Dios.

Cuando analizamos la historia de Abraham, algo que lo caracterizó fue la fidelidad, pues durante muchos años, a pesar de tener el sueño de ser padre, fue fiel a su esposa que era estéril. Por ello, el obispo hizo énfasis en el contexto en el que creció Abraham, pues él venía de una familia idólatra y vivía en una sociedad en la que la poligamia era bien vista y hasta necesaria para tener muchos hijos que protegieran y heredaran las propiedades del padre, sin embargo, Abraham decidió ser fiel y leal a su esposa, a pesar de que podía serle infiel a Sara y tener muchas mujeres, no lo hizo, y eso es lo que llamó la atención de Dios.

Él estaba buscando a una persona a través de la cual nacería su pueblo elegido y posteriormente, de entre ellos nacería Su Hijo, el Señor Jesús. Entonces, ¿cómo Dios podría escoger a una persona infiel?

«Hoy Dios no ha cambiado. Él sigue buscando personas sinceras, leales y verdaderas, personas que quieren justicia. Ellas de pronto están metidas en el pecado, pero no quieren vivir de esa manera; quieren hacer lo que es correcto. No saben cómo, pero quieren lo correcto. Son estas personas a las que Dios busca para que, a través de ellas, Él pueda mostrar su grandeza y su gloria», señaló el obispo Franklin.

Por otro lado, está la historia de Elí, un sumo sacerdote de Israel que junto con sus hijos se encargaban del servicio en el tabernáculo, no obstante, sus hijos se robaban las ofrendas, no tenían respeto ni temor a Dios. Aunque eso no era lo peor, sino que Elí permitía que ellos lo hicieran porque eran sus hijos.

«… los hijos de Elí eran hombres indignos; no conocían al Señor […] El pecado de los jóvenes era muy grande delante del Señor, porque despreciaban la ofrenda del Señor.» (1 Samuel 2:12-17).

Para el Altísimo era algo abominable la manera en la que ellos trataban la ofrenda, y si alguien la toca, es una irreverencia y Dios no acepta que se traten Sus cosas sin respeto.

«¿Por qué pisoteáis Mi sacrificio y Mi ofrenda que he ordenado en Mi morada, y honras a tus hijos más que a Mí, engordándoos con lo mejor de cada ofrenda de Mi pueblo Israel?”. Por tanto, el Señor, Dios de Israel, declara: “Ciertamente Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de Mí para siempre”; pero ahora el Señor declara: “Lejos esté esto de Mí, porque Yo honraré a los que Me honran, y los que Me menosprecian serán tenidos en poco.”» (1 Samuel 2:27-30)

Es decir, el Señor le dijo a Elí que había honrado más a sus hijos que a Él al dejarlos profanar Sus cosas, explicaba el obispo, y acrecentaba que no hay problema en honrar a sus hijos, un pariente, etc. El problema es cuando esas personas se vuelven una prioridad en su vida porque las ponen por encima de Dios y cuando lo hacen Lo están deshonrando. «Y cuando uno deshonra a Dios, uno también será deshonrado, porque está despreciando al Señor. Nada ni nadie puede ocupar el lugar que le pertenece a Él.

¿Y cuándo es que honro a una persona o alguna cosa más que a Dios? Cuando esa cosa o esa persona me hace desobedecer al Altísimo, cuando me separa del Señor. Ahí usted está honrando más a esa persona. […] Si usted Lo despreció, usted va a ser despreciado. ¿Por qué? Porque está desobedeciendo a Dios por agradar a otra persona. […] Lo triste es que cuando ella llegó a la iglesia destruida, enferma, derrotada; los amigos y la familia no estaban para ella. Pero después les dio más honra a ellos que a Dios», aclaraba.

Este fue el error del sumo sacerdote Elí, pues despreció a Dios al honrar a sus a hijos, por ello todos murieron el mismo día.

Por otro lado, una manera de honrar a Dios es serle fiel con las primicias, pues con ellas se está declarando que Él es primero para uno. Por ejemplo, las damos cuando al levantarnos por la mañana hablamos primero con el Señor antes que con cualquier persona; al agradecerle por los alimentos antes de comer; cuando antes de salir de casa ponemos en Sus manos nuestro día; cuando Le consultamos antes de tomar alguna decisión, etc.

Dios está buscando personas así, fieles, que siempre le darán el primer lugar en sus vidas, tal y como lo hizo Abraham.

«Honre a Dios. Pónganlo como el primero en su vida y usted va a ver cómo será honrado por Él también, en todo, en todas las cosas. Todo lo que yo hago, primero es para Dios. Él está en primer lugar, pues si yo le honro, seré honrado. […] Es decir, cuando usted honra al Señor, entonces Dios le va a honrar. Usted va a ser curado, usted va a ser prosperado, las puertas se le van a abrir, las cosas van a salir bien porque está honrando a Dios y Él le honrará también», concluyó.

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