Tal vez, tu espejo no te contó esto: no hay justo

Tal vez, tu espejo no te contó esto: no hay justo

Por Departamento Web 2

Todos son buenos a sus propios ojos. Todo el mundo es justo según su propia justicia. Todo el mundo es sabio según su propio entendimiento. Somos malos jueces de nosotros mismos. A veces, no nos importan nuestros errores y fracasos, pero somos agresivos con la manera de ser del otro.

Hay personas que, incluso con el paso del tiempo, no cambian de mentalidad. No entienden que necesitan desarrollarse como persona. Porque no pueden ver sus propias fallas. Se justifican a sí mismos como rectos. Siempre es culpa de las demás personas. Por eso, es necesario saber ver en qué se necesita mejorar. Y este camino de autoconocimiento y correcciones debe ser continuo a lo largo de la vida.

Una vez, el apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, escribió: «No hay justo, ni aun uno» (Romanos 3:10).

«Piense en esta afirmación. Según Dios, no hay persona justa sobre la faz de la Tierra. Ninguna. Nadie es justo según la recta justicia. Aquí, no es de acuerdo con la propia justicia de cada uno, sino de acuerdo con la recta justicia. Cuando nos ponemos dentro del modelo Divino de Justicia, que es el verdadero modelo, y juzgamos a la persona considerada más justa en este mundo, no llega a ese modelo», explicó el obispo Renato Cardoso.

Evaluación sincera

De esta manera, el obispo añadió que solo este pasaje ya es suficiente para que nosotros seamos humildes delante de Dios. Tenemos que reconocer que no somos perfectos y que cometemos errores, aun cuando no vemos eso. «Incluso si no ve sus fallas, ellas están ahí. Quizá, piensa que es una persona tan buena, que es casi perfecta», dijo.

El problema es que mientras la persona no note estas fallas, no mejora como ser humano. Es decir, mientras la persona se considere excelente, no se esfuerza en cambiar. Y este es el gran tropiezo de muchos. No es que tengas que condenarte a ti mismo y estar menospreciándote todo el tiempo. Se trata de humildad para reconocer su propia y verdadera condición y mejorar, según la Palabra de Dios.

El propio Señor Jesús advirtió sobre este tema, cuando dijo: «¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo?» (Mateo 7:3).

Por eso, en lugar de mirar los defectos de otras personas, mírate a ti mismo con sinceridad. Recuerda: todos necesitamos el perdón, la misericordia y la gracia de Dios.

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