¿Qué te falta para que seas la morada de Dios?

Habitar en el ser humano es el mayor deseo del Espíritu Santo, pero existen condiciones para que eso suceda

Desde la creación, el deseo de Dios es estar en comunión con el ser humano. A pesar de la separación que el pecado causó, Él nunca desistió de ese plan. Una prueba de eso es que, al liberar al pueblo de Israel de Egipto, le pidió a Moisés que construyera un lugar apropiado donde Él manifestaría Su presencia (el Tabernáculo), como está escrito: «Y que hagan un santuario para mí, para que yo habite entre ellos» (Éxodo 25:8).

Dios, cuya presencia ni los cielos pueden contener, eligió habitar en una tienda sencilla, limitada y móvil, solo para estar en medio de quienes más ama: los seres humanos.

Cada detalle del Tabernáculo fue revelado por Él, quien capacitó a las personas para ejecutarlo. Al final, se trataba de Su morada y nadie mejor que Él para dar las directrices de cómo debía ser. Además de ser la morada divina, el Tabernáculo era un lugar de adoración, revelación, sacrificio y enseñanza. Todo apuntaba hacia la comunión eterna entre Dios y el hombre.

Listo para que Dios lo habitara

Dios mostró Su inmensa bondad al querer habitar en medio del pueblo. Pero para que eso sucediera fue necesario que cada detalle del Tabernáculo fuera construido conforme a la orientación divina. Después de la conclusión de cada detalle, Dios ordenó el montaje del Tabernáculo y, solo después de la instalación de la última cortina de la puerta del atrio, la presencia de Dios llenó el lugar, como lo describe la Biblia: «Y Moisés levantó el atrio alrededor del Tabernáculo y del Altar, y colgó la cortina para la entrada del atrio. Así acabó Moisés la obra. Entonces la nube cubrió la tienda de reunión y la gloria del Señor llenó el Tabernáculo» (Éxodo 40:33-34).

Hoy tú eres el Tabernáculo

Después del sacrificio del Señor Jesús, y por medio del Espíritu Santo, Dios quiere hacer de cada persona Su Tabernáculo, Su morada. Pero le corresponde a la persona querer y trabajar para ellos. El obispo Edir Macedo, en su libro El Espíritu Santo, resalta que esa voluntad no puede ser solo de la boca para fuera: «Tiene que ser sincera […] acompañada de arrepentimiento verdadero y rechazo de todo lo que se opone a la Palabra». De acuerdo con él, es necesario «aceptar la Biblia Sagrada como la única fuente de información de Dios y moldear la vida dentro de Sus lineamientos».

¿Qué te falta?

Seguro percibiste que cuando ya no faltaba nada, ni una cortina, la presencia de Dios descendió sobre el Tabernáculo, es decir, para que ese espacio se volviera la Casa de Dios, primero todo debe de estar arreglado conforme a Su orientación. Hoy es igual: Dios está atento a cada detalle de nuestras vidas y solo cuando la persona está lista, Él comienza a habitar en ella.

Para convertirte en la morada de Dios, primero es necesario eliminar todo lo que le desagrada, aunque parezca insignificante. Los pequeños detalles pueden revelar grandes resistencias: los rencores muestran a falta de perdón y orgullo; apego a loa planes personales indican falta de humildad para dejar que Dios tome el control; relaciones contrarias a la voluntad de Dios revelan miedo y falta de confianza. Todo eso coloca a Dios en segundo plano, pero, así como en el pasado el Tabernáculo estaba en medio del campamento, Dios quiere ser el centro de nuestras vidas.

Muchos afirman que, aunque ya hicieron de todo, aún no Lo han recibido; pero eso es incoherente, pues Dios es justo y no negaría Su presencia a quien verdaderamente está listo para recibirla. La verdad es que no podemos engañarlo. Él sabe cuando uno ya se preparó para completamente para ser Su morada.

Tal vez no estás logrando ver cuál es la «última cortina» que necesita ser instalada, que es normal, pues el hombre falla. Pero el propio Señor muestra lo que está faltando. Ora sinceramente pidiendo Su orientación y obedece Su voz. Crea el ambiente que Él espera y, una vez que lo hagas, serás lleno del Espíritu Santo.

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