¡No te aferres a esa enfermedad!

¡No te aferres a esa enfermedad!

Por Social Media

Nadie niega que la ciencia ha avanzado y que en cuestiones de salud se ha esforzado por darle una solución a los padecimientos más agresivos y mortales. Sin embargo, encontrar una vacuna para una enfermedad incurable o un tratamiento que resulte menos dañino para el organismo de los pacientes requiere tiempo. En esa espera, hay quienes se resignan a vivir con ella hasta su muerte.

Por otro lado, otro grupo de personas tal vez no tiene una patología incurable, pero se acostumbró a tratarse y medicarse para sobrellevarla. “De algo me he de morir”, dicen. No obstante, esas palabras solo son un reflejo de la idea que han tenido que sembrar en su mente para “aliviar” un poco el dolor por no encontrar una solución para su problema.

Entonces, ¿a qué o a quién recurrir? De acuerdo con el relato de un sinnúmero de personas que acuden a la Universal, la fe en Dios ha sido el detonante para su cura. No se trata de fanatismos, sino de una creencia racional que les ha llevado a no darse por vencido y, aunado a su tratamiento, lograron sanarse de sus padecimientos.

Sida, cáncer, tumores, enfermedades sin causa han sido un reto para la ciencia, pero no para Dios. Personas que llevaban años en silla de ruedas, postradas en una cama o con las horas contadas, han sido una angustia para especialistas, para los pacientes y sus familiares, pero una oportunidad para que el Poder de Dios se haga presente en la vida de los que sufren.

Puede ser que ya hayas agotado los medios para estabilizar tu salud, pero ¿por qué no le das una oportunidad a Dios? En el pasado fue el Autor de milagros insólitos, ¿por qué no habría de serlo hoy?

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:4-5).

Aférrate a esa promesa, no a una cama de hospital.

 

 

“Por 30 años, sufrí convulsiones”

 

“A partir de los 9 años, sufrí mi primera convulsión y así pasaron 30 años. Era un verdadero infierno, pues en tan solo un día, me llagaban a convulsionar hasta cinco veces y eso era en la casa, trabajo, calle… Los médicos dijeron que eso sería de por vida y que esa enfermedad solamente se podría controlar o hasta empeorar, ¡ya no sabían que hacer conmigo!

Esto me afectó en otros ámbitos, como en la economía: no podía siquiera ahorrar dinero para una casa o un bien material porque gastaba en tratamiento, especialistas, medicamentos. De hecho, llegué a pensar que iba a morir en medio de una crisis, incluso, lo deseaba, porque vivir así realmente no era vida.

Conocí el Centro de Ayuda Universal por medio de mi mamá. Al participar, mi fe se despertó y empecé a luchar para cambiar la situación que estaba pasando; además, sentí mucho descanso tanto física como espiritualmente, ¡tuve paz nuevamente! Perseverando en las cadenas de oración, logré lo que era imposible: sanar de la epilepsia. Jamás me volvió a dar una convulsión.

Esto repercutió en mi economía, fui progresando al punto de poder comprar una casa. Hoy en día, me siento feliz, no por el hecho de tener salud y bienes materiales, sino porque Dios está conmigo”, Diana Lombardini.

 

 

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