Lo que el Espíritu Santo produce dentro de una persona

Lo que el Espíritu Santo produce dentro de una persona

Por Departamento Web

Viviane Freitas habló acerca de David en su blog, de cómo él tenía una fe osada y definida, al punto de ser el único en todo Israel que se dispuso a enfrentar a Goliat.

Mientras todos los soldados israelitas y el propio rey Saúl huían atemorizados, David se disponía a enfrentar y derrotar al que se atrevía a afrontar al Dios vivo.

Hasta entonces él solo era un pastor de ovejas, desacreditado por su propio padre. Tanto así que cuando el profeta Samuel se fue a la casa de Isaí para ungir a uno de sus hijos para ser rey, él trajo ante la presencia del profeta a todos sus hijos, excepto a David.

David, sin embargo, a pesar de la falta de confianza del padre, siempre fue un hijo obediente, que vivía de su fe y daba lo mejor de sí en lo que había sido colocado en sus manos y, por eso, llamó la atención de Dios.

Para sorpresa de Isaí y del propio Samuel, él era el elegido por Dios para asumir el trono de Israel.

En aquel mismo día, en el que el profeta Samuel derramó el aceite sobre la cabeza de David y lo consagró como rey, el Espíritu de Dios se apoderó de él.

«Muchos piensan que el Espíritu Santo es solo para hablar en lenguas o para evangelizar. Pero él es mucho más que eso. Él es quien genera dentro de la persona una fuerza sobrenatural para sobrepasar los problemas y los obstáculos impuestos por el mal», destaca Viviane Freitas.

Fue esa fuerza que David demostró tener cuando fue hasta el campo de batalla para llevarles comida a sus hermanos y oyó las amenazas de Goliat al ejército de Israel.

“Entonces habló David a los que estaban junto a él, diciendo: ¿Qué harán al hombre que venciere a este filisteo, y quitare el oprobio de Israel? Porque ¿quién es este filisteo incircunciso, para que provoque a los escuadrones del Dios viviente?” (1 Samuel 17:26).

Él se mostró indignado e inconforme con aquella amenaza. Esta es la reacción de aquellos que están impregnados del Espíritu de Dios. Esa fuerza que había en David, no venía de él, sino del Espíritu Santo. «Cuando la persona está empapada de este Espíritu, es definida como David».

Pero, desgraciadamente, lo que hemos visto son personas que tienen el Espíritu Santo, sin embargo, están acomodadas, estancadas, esperando que Dios cambie la situación en la que se encuentran, lo cual no va a suceder, porque el Espíritu está sujeto a nuestro espíritu. Es decir, Él no actúa cuando estamos acomodados, esperando que las cosas sucedan. El Espíritu Santo es el poder dentro nosotros. Aunque sintamos miedo, Él no nos deja quedarnos asustados. Cuando la persona decide ejercitar la fe que le fue dada por el propio Dios, avanza por encima de lo que la amenaza.

Aquel filisteo que intimidaba al pueblo de Israel, estaba amenazando al Dios vivo y David inmediatamente se posicionó contra aquella afrenta.

Y muchas personas hoy están viendo la acción del diablo delante de ellas y cruzan los brazos, esperando que algo suceda.

Es necesario entender que para que el Espíritu Santo se apodere de una persona, esta necesita mostrar señales de que para ella Él tiene valor. Y eso no se demuestra con palabras de alabanza, sino con actitudes, cuando pone fuerzas en lo que hace para Él, cuando está definida en su fe.

Cuando la persona está convencida de una creencia, no mira las circunstancias, no es emotiva, el corazón no desfallece, pasa por encima del problema y vence. Como lo hizo David.

Cuando Saúl vio que David era solo un niño, de inmediato se desalentó de luchar contra Goliat, ya que este era un soldado experimentado. Pero David no solo habló, sino que también demostró lo que era capaz de hacer por medio de la fe que tenía en el Dios vivo. Lea en 1 Samuel 17:34-37.

Esta es la actitud de una persona definida en su fe. Pero cuando la persona vive una fe llevada por las circunstancias, es miedosa, negativa, incrédula.

Tal vez, usted está viendo el tiempo pasar y su vida espiritual permanece siendo la misma: tibia, infructuosa. Viviane explica por qué:

«Nada sucede porque no ha asumido la fe que Dios le ha dado. Está ahí dentro de usted, pero prefiere quedarse disfrutando la incredulidad, el miedo, el tiempo que ya pasó».

Sea definido como David. Asuma y defienda su creencia.

Cuando el filisteo vio que David era solo un niño, lo despreció y lo amenazó, pero David no se intimidó porque sabía quién estaba con él.

«El Señor te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel” (1 Samuel 17:46).

Para Viviane las palabras de osadía de David revelan el odio que tenía contra el infierno, contra toda afrenta del diablo a Dios.

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