Falso testimonio: un error que (casi) todos nosotros podemos cometer

Falso testimonio: un error que (casi) todos nosotros podemos cometer

Por Departamento Web

Comprende por qué repetir mentiras y difundir chismes son actitudes perjudiciales para tu vida

¿Qué quiso decir Dios cuando, en la Biblia, más que dar un simple consejo, ordenó que no se diera falso testimonio contra otros (Éxodo 20:16)? Para y piensa. El caso es que los rumores, chismes, difamaciones e incluso una mentira emanan de la misma fuente, cuya corrupción y falla espiritual es notoria. Por lo tanto, quien abre la boca para pronunciar este tipo de contenido, se alía con el mal y desagrada a Dios.

La decisión de no levantar falsos testimonios debe basarse en una postura racional. Después de todo, si debemos amar a nuestro prójimo como nos amamos a nosotros mismos (Mateo 22:39), entonces no hacerles a los demás lo que no deseamos para nosotros es una forma de hacer que ese amor, al menos, sea coherente.

En estos tiempos en los que salvar el propio pellejo se ve casi como un acto heroico y todos pueden ser jueces en las redes sociales (excepto de sí mismos), todo cuidado es poco. Hoy, difamar a alguien difundiendo noticias falsas se ha convertido en un pasatiempo. Esto es capaz de arruinar reputaciones, puede surgir en el grupo de amigos, en círculos del trabajo, entre familiares, en grupos de WhatsApp o puede exponerse como arrebato en las redes sociales. Y ni siquiera tienes que confirmar nada, solo basta escuchar y consumir el contenido para que gane fuerza.

La verdad es lo que corresponde a la realidad. El término hebreo «emet» significa verdad, fidelidad, firmeza y veracidad y de ahí vienen palabras como «emunah», que significa fe, fidelidad, firmeza. Dios es la Verdad absoluta (Salmos 31:5). Él es la Palabra y no es un hombre para mentir (Números 23:19). La verdad está en Jesús (Efesios 4:21). La Santísima Trinidad no solo valora, sino que honra Su propia Palabra. Por lo tanto, es natural que quienes la conocen también deseen preservar la honra a través de sus propias palabras.

¿Qué hay en tu corazón?

A muchas mujeres les gusta levantar falsos rumores porque, en el fondo, quieren atención. El acto de levantar falso testimonio puede ocurrir, por ejemplo, en la forma de una «inofensiva» (sin embargo, nociva) murmuración. La persona que dice mentiras contamina a los demás para que sientan lo mismo que ella. ¿Cuántas personas dejaron de seguir a Jesús a causa de esos rumores? Cabe destacar que la boca habla de lo que está lleno el corazón, «porque del corazón provienen malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios y calumnias.» (Mateo 15:19).

Hasta la hipocresía no deja de ser un falso testimonio. Cuando finges que todo está bien, dices «sí, claro», pero dentro de ti hay odio o rencor, eso no es vivir sinceramente. Eso es tener labios falsos.

Huye del engaño

Si alguien tiene dificultades para hablar y honrar la Verdad es porque probablemente aún no la conoce. Pero si la verdad te hace bien, quieres decir la verdad, aunque tengas que perder una amistad, porque amas la Verdad que te saca del engaño y te lleva al Reino de Dios.

No seas autora de un falso testimonio, estando llena de razones o no y, si escuchas historias llenas de veneno, muestra desinterés. Haz lo que te gustaría recibir. Para no correr el peligro de perder tu Salvación, defiende con uñas y dientes la Verdad y acéptala. Sé sincera y habla con Dios. Ese dolor de la Verdad que sientes no es un dolor que te crucifica, sino para que te arrepientas y clames al Salvador. Él te quiere salvar.

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