En el Espíritu Santo encontró lo que en cuatro matrimonios no

En el Espíritu Santo encontró lo que en cuatro matrimonios no

Por Social Media

“Antes de recibir el Espíritu Santo, mi vida estaba envuelta en fracasos, tristeza y humillaciones. Cuando éramos muy pequeños, mi madre nos abandonó para irse a Estados Unidos y cuando crecimos un poco más, nos llevó con ella, pero de manera ilegal. En mi adolescencia, prácticamente me la pasaba solo y ahí fue cuando tuve mi primer contacto con las drogas y el alcohol. Eso me orilló a involucrarme en cosas muy pesadas.

Más tarde, a los 20 años, me casé por primera vez, tuve mi primer hijo y pensaba que todo estaría bien, pero ella me fue infiel y nos divorciamos. Me casé por segunda vez, solo que fracasé por mi problema con los vicios. Por tercera vez, contraje nupcias y también se vino abajo porque ella me acusó de intento de violación y homicidio, me metieron a la cárcel por tres meses. Después de que salí, me deportaron a México y conocí a mi cuarta esposa, pensé que con ella sería diferente, pero me fue infiel y teníamos problemas económicos que, a su vez, me deprimieron y me hundieron más en los vicios. De hecho, intenté matarme cortándome las venas o jugando la ruleta rusa con una pistola. La verdad, sentía que nadie me quería, que nunca sería feliz.

Para ese entonces, mi madre ya conocía la Universal y, en una ocasión que me vino a visitar, me dijo que la acompañara. Como ya no tenía nada más que perder, fui con ella y puedo decir que fue la mejor decisión porque conforme me iba entregando a Dios e iba haciendo mis votos de fe con Él en las Hogueras Santas, las bendiciones iban llegando. Primero, encontré un buen empleo en el que fui progresando y prosperando. Tiempo después, me liberé de los vicios, pero aún me faltaba un aspecto importante: me faltaba ser bautizado con el Espíritu Santo. Perseveré hasta alcanzarlo. Desde ahí cambió verdaderamente mi vida, pues me sentía feliz y en paz. Cuando llegó otra Hoguera Santa, esta vez mi petición sería la restauración mi matrimonio.

Dios me respondió poco a poco, pues mi esposa se acercó a Él y comenzó a cambiar su forma de ser, dejó de serme infiel. Hoy ya no hay más pobreza, tengo solvencia económica al punto de poder comprar un terreno para poder construirle una casa a mi mujer, comprar un auto, viajar, comer lo que se nos antoje y vestirnos como queramos.

Sin duda, la mejor de las conquistas es saber que el Espíritu Santo habita en mí”, Víctor M. Fierro.

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