El objetivo de la ira

El objetivo de la ira

Por Departamento Web 2

“Con solo ver su rostro feliz, me dieron ganas de darle un golpe en la cara. ¿Quién se cree que es? Yo vine primero, era para haber sido aceptado, ¡y solo no lo fui porque él quiso ser mejor que yo!”.

Así fue como Dios encontró a Caín, cuando estaba lleno de ira contra su hermano, Abel, por haber ofrecido una ofrenda mejor que la de él. Y, en Su misericordia, Dios entonces, lo cuestionó:

“¿Por qué estás enojado?”

Dios siempre nos va a preguntar, aunque ya sepa la respuesta, pues lo que Él quiere es que pensemos en lo que estamos haciendo. La verdad es que la mejor ofrenda de Abel se metió con el ego de Caín, es decir, él estaba enojado porque se consideraba mejor que Abel. Pero, al igual que la mayoría de las personas, Caín no quiso pensar ni responder la pregunta de Dios. Y Dios continuó…

“¿Por qué ha decaído tu semblante?”

Otra pregunta cuya respuesta Dios ya sabía, obviamente, pero que haría que Caín razonara sobre lo que él llevaba en su interior. Y, claro, a Caín no le importaba, él solo quería sentir, no quería razonar. Y Dios, viendo que él no Le respondería ni, mucho menos, razonaría en lo que estaba haciendo, le dio a Caín una revelación:

“Si haces bien, ¿no serás aceptado? Y si no haces bien, el pecado yace a la puerta y te codicia, pero tú debes dominarlo”.

Vea que Dios ya estaba hablándole a Caín de lo que él sería capaz, si no resolvía aquella ira dentro de él, pero no solo eso, porque su ira no tenía fundamento, pues si hubiera ofrendado lo mejor, también habría sido aceptado, así como Abel. ¿Para qué envidiarlo? Basta con aprender de su error y, en la próxima, ¡hacerlo mejor!

Solo que Caín no escuchó lo que Dios le dijo, así como muchos cristianos que prefieren descartar la Voz de Dios y decirse a sí mismos “¡Ah, pero yo estoy enojado, no quiero pensar ahora; lo que realmente quiero es echar esa ira hacia afuera!”. Para, después de hacer la tontería, entonces, usar el “errar es humano”, para sentirse mejor consigo mismo.

Era para que Caín aprendiera con Abel y lo admirara por eso. Era para que Caín sintiera vergüenza de ser el primogénito y hacerlo peor que su hermano. Era para que Caín le pidiera perdón a Dios por su ofrenda relajada. Pero Caín no quiso nada de eso. Él ignoró todo lo que Dios le había dicho y no solo eso, hizo algo peor.

“Caín se levantó contra su hermano Abel y lo mató”.

Y así ha sucedido con tantos cristianos. No quieren escuchar la Voz de Dios porque se creen expertos del tema, prefieren vivir la ira y el odio en contra de los que han sido cristianos de verdad. Odian cuando estos cristianos sacrifican lo mejor para Dios e intentan matarlos con las palabras. Sienten placer al hablar mal, insultar, chismear y crear rumores para difamarlos delante de todos.

Es por eso que muchos de ellos ya se encuentran como Caín, caídos, fugitivos y vagabundos en la tierra, cuya marca de Caín incluso puede ser un título para que nadie los toque. Pero Dios y el diablo los conoce.

¿Usted está enojado u odia a alguien? Sepa que el objetivo de esa ira es la de hacerle daño a esa persona. No acepte ese sentimiento, no piense que forma parte de su humanidad. Aquel versículo famoso que dice “Airaos, pero no pequeis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo” continúa así:

“Ni deis lugar al diablo” (Efesios 4:26-27).

En la fe.

Por Cristiane Cardoso

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