El Jardinero de nuestras almas

El Jardinero de nuestras almas

Por Social Media

Cuando dejamos que Dios sea el Jardinero, recibimos Su primoroso cuidado

Un jardín bonito siempre tiene un buen cuidador. El jardinero tiene que ser alguien que no tenga pereza, porque todos los días tendrá un trabajo duro por delante.

Él también tiene que ser detallista, para tener la capacidad de observar y darle a cada planta, individualmente, lo que necesita.

Algunas necesitan ser podadas, otras de mucho sol, otras solo de sombra. Hay plantas a las que les gusta poca agua, pero otras de mucha agua…

Nuestra vida es como un jardín. Cuando dejamos que Dios sea el Jardinero, con certeza, cada área recibirá Su primoroso cuidado.

La poda duele, pero es necesaria para promover el crecimiento y el fruto. Quien está sin poder, permanece «bonito» durante un tiempo, pero infructífero hasta que se marchite.

El Jardinero de nuestras almas también respeta las estaciones y nos ajusta para vivir cada fase de nuestra vida. Cuando llega el invierno del sufrimiento, Él tiene protección especial.

Ah, Dios incluso lo limpia de las pequeñas y graciosas plantas silvestres, pero que no pasan de hierbas dañinas que crecen a nuestro alrededor. Si lo permitimos, Dios también pulveriza pulgones y plagas que devastan plantaciones enteras.

En fin, no sabemos cuidarnos solos, por eso tenemos tanta necesidad del Jardinero, que nos conoce mejor de lo que nosotros mismos nos conocemos.

Sin embargo, la elección siempre es nuestra. Nosotros decidimos si seremos un jardín de buenos frutos o de hierbas agrestes y fracaso.

Por Núbia Siqueira

  • Gran Rey
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