El desafío de amar a quien no nos ama

El desafío de amar a quien no nos ama

Por Departamento Web

Comprenda por qué esta actitud muestra el carácter de los hijos de Dios

No hay nada mejor que amar y ser amado. Hacer el bien por los que amamos, con quienes tenemos afinidades. Ser gentil con quien es gentil con nosotros. Sonreír para quien nos sonríe.

Sin embargo, el Señor Jesús enseña que no hay méritos en amar a nuestros amigos.

El desafío del amor está en amar justamente a los que no nos aportan beneficio alguno, a los que se posicionan como nuestros enemigos.

“¿No hacen también lo mismo los publicanos?”

“Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles?” (Mateo 5:46-47).

Para ejemplificar claramente que hacer el bien solo a quien también lo hace para nosotros no pasa de un deber, el Señor Jesús usó como ejemplo a los publicanos y gentiles.

Los primeros eran criticados severamente por los judíos por ser considerados traidores de su pueblo. Ellos también eran judíos que cobraban tributos para el imperio romano, y muchos eran corruptos. No satisfechos con los valores absurdos que Roma recolectaba, ellos incluso cobraban aún más y se enriquecían a costa de la miseria de su propio pueblo.

Por eso, eran una clase tan rechazada. No querían ni convivir con ellos a fin de no ser contaminados. En cambio, los gentiles eran politeístas, es decir, creían en varios dioses.

Al usarlos como ejemplo, Jesús estaba exponiendo que, si aun siendo corruptos lograban amar a quien los amaba, Sus discípulos y todos los que se disponen a servirlo deben hacer mucho más.

Amar es un desafío

No hay desafío en amar a quien nos ama. Amor es sacrificio, por eso, el desafío consiste en amar justamente a las personas difíciles, que no nos quieren, que nos maltratan. Amar es hacer lo que es justo por todos, independientemente del bien que nos hacen o dejan de hacer.

Jesús resaltó que:

“Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos” (Mateo 5:45).

Si Dios, que tiene motivos para hacer acepción, no lo hace, al contrario, da oportunidades todos los días, tanto para los buenos como para los malos, ¿por qué nosotros no lo haríamos?

Y, aún más: Él condiciona ese sacrificio como característica de Sus hijos.

El obispo Edir Macedo explica que ese amor no es conducido por las emociones, sino basado en el sacrificio personal que reflejará la fe de los que dicen creer en Dios. “Expresar ese amor a los enemigos exige renuncia de sí mismo”, resalta. Incluso el obispo destaca que amar a quien nos odia, mostrar el carácter Divino en el ser humano, por lo tanto, involucra sacrificio y este es el tipo de amor —el sacrificial— que merece respeto y recompensa eternos. “Los religiosos e hipócritas jamás lograrán amar así, pues ese tipo de amor es demasiado sublime para quien vive de apariencias y teorías”, concluye.

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