Codicia y gula: dos caras de la misma moneda

Codicia y gula: dos caras de la misma moneda

Por Departamento Web 2

Contrario a lo que muchos piensan, la gula también es un pecado y puede generar varias consecuencias negativas en la vida de quien cede a ella

El aprecio del ser humano por la comida es indiscutible. Y cuando se trata de preferencias gastronómicas, muchas personas no dudan en exceder los límites, cediendo a los deseos carnales y encontrando excusas para justificar los atracones. El problema es que el desenfreno, ya sea en forma de exceso de comida o de otros excesos, tiende a perjudicar a quienes intentan minimizar sus propias fallas y los lleva a cometer más errores.

Es común observar que muchas mujeres atribuyan sus excesos alimentarios a sentimientos de tristeza o ansiedad y justifican así el consumo abusivo de alimentos altos en calorías y ultraprocesados, en cantidades perjudiciales tanto para la salud física como espiritual.

Cuando una mujer se entrega al exceso alimentario, puede enfrentar consecuencias como la obesidad, la hipertensión, la diabetes, la presión arterial alta, enfermedades cardiovasculares e incluso afecciones más graves, como el cáncer colorrectal, por ejemplo. Al elegir comer sin restricciones y en cantidades superiores a sus necesidades, está sembrando daños que inevitablemente cosechará en el futuro y que comprometerán su bienestar.

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Conexión entra la gula y la codicia

Al respecto, la Biblia enseña que la codicia es una batalla que ocurre entre el Espíritu y la carne. En esta lucha interna, cada mujer debe decidir a quién servir: a Dios o a sus propios deseos. Esto se aplica a todas las áreas de la vida, incluyendo la forma en que nos alimentamos. En este sentido, reflexionar sobre cómo se abordan los propios hábitos alimentarios es una actitud muy importante, ya que las elecciones que hacemos con respecto a la comida también se reflejan en la vida espiritual.

A menudo, las mujeres no se dan cuenta de que están pecando y actuando de manera injusta hacia sí mismas y su cuerpo al comer en exceso. Imagina cuando Jesús regrese y estés entregándote a tus caprichos. Tu gusto y tu voluntad ilimitada, sin disciplina, te hacen daño. Eso es lo que hace la codicia. La codicia lucha contra el Espíritu y el Espíritu lucha contra la carne.

Dominando tus deseos

La forma en que una mujer aborda la alimentación tiene un impacto directo en su autocontrol y en su dominio propio. Si no puede dominar sus propios hábitos alimentarios, ¿cómo resistirá a las tentaciones que el mundo le presenta? La codicia, en todas sus formas, es perjudicial y va en contra de los principios que agradan al Señor Jesús. Por lo tanto, es esencial aprender a equilibrar deseos y voluntades.

La Palabra de Dios advierte sobre los peligros de los excesos, como se registra en Lucas 21:34: «Estad alerta, no sea que vuestro corazón se cargue con disipación y embriaguez y con las preocupaciones de la vida, y aquel día venga súbitamente sobre vosotros como un lazo».

Por lo tanto, querida lectora, mantente atenta a tu salud, a tus deseos y, sobre todo, a tu vida espiritual. Recuerda que eres responsable de tus elecciones y el Señor Jesús te ha concedido el libre albedrío para decidir sobre todo en tu vida. Por lo tanto, haz elecciones que honren a Dios y preserven tu bienestar físico y espiritual.

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