«Mi primer matrimonio duró medio año y, aunque después tuve otras parejas, con ninguna funcionó. Creía que la ruina del hombre eran las mujeres, pero yo era celoso y no las valoraba. No obstante, al llegar a la Universal y aprender a usar mi fe, Dios cambió mis pensamientos y volví a casarme. Con Su guía, formé una familia tan estable que los demás nos ven como un ejemplo.» -Ismael Santiago