¿Ya sonreíste hoy?

La sonrisa ensayada, adornada o forzada solo muestra los dientes. Y la alegría que viene del interior es mucho más que una belleza odontológica a la vista.

Sonreír es externar, de manera espontánea, la paz, la fuerza y la alegría que están en el alma.

Ya nacemos con la capacidad de sonreír; por eso, solemos ver a los bebés sonriendo con los labios y con los ojos, de forma natural.

Sonreír es tan bueno que podemos sonreír incluso durmiendo. ¿Quién no?

Así, no importa la lengua, la cultura, la edad o la condición social, pues la sonrisa es un gesto comprendido en cualquier parte del mundo. Entonces, sonreímos no porque la vida esté perfecta, sino porque tenemos un Dios bueno, fiel y justo.

Sonreímos porque Él siempre nos ayuda, camina con nosotros y confía en nosotros.

Sonreímos porque, en un mundo tan triste, nuestra sonrisa puede iluminar el día de alguien.

Y, por más difícil que esté tu día, sonríe, porque podemos adorar al Dios que nos creó con la extraordinaria capacidad de sonreír.

¿Ya sonreíste hoy?
¡Sonríe para la gloria de Dios!

Núbia Siqueira

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