¿Realmente se puede tener una vida nueva? Muchos no lo saben, pero el lugar indicado para que eso suceda es el Altar. Durante el Santo Culto del domingo 30 de agosto, el obispo Franklin Sanches enseñó que el Altar significa el inicio de una nueva historia escrita por Dios.
Por eso, sin importar su pasado, todas las personas pueden subir al Altar y buscar este reinicio. Sin embargo, no pueden hacerlo de cualquier manera: necesitan reconocer que no quieren seguir cometiendo los mismos errores, y entregar todo su ser al Altísimo.
Una actitud sincera
«Y he aquí, había en la ciudad una mujer que era pecadora, y cuando se enteró de que Jesús estaba sentado a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; y poniéndose detrás de Él a sus pies, llorando, comenzó a regar sus pies con lágrimas y los secaba con los cabellos de su cabeza, besaba Sus pies y los ungía con el perfume. Pero al ver esto el fariseo que le había invitado, dijo para sí: Si este fuera un profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, que es una pecadora» (Lucas 7:37-39).
Como aquella mujer, todos estamos expuestos a cometer errores. No obstante, «el gran problema de los religiosos es que siempre ven la vida de los demás, la juzgan y condenan. Nunca ven sus propios errores», explicó el obispo.
Sin embargo, el Señor Jesús nos enseñó a perdonar para que también seamos perdonados. Es decir, «si yo no tengo misericordia de mi semejante, tampoco voy a alcanzar la misericordia de Dios». Y es que, de acuerdo con el obispo, si uno no perdona, se está haciendo un mal a sí mismo; «yo siempre digo que el rencor, el odio y el resentimiento son como un cáncer», enseñó.
Aquel fariseo se creía perfecto, y en la actualidad, muchas personas piensan como él: condenan a otros, tienen malos ojos, señalan, etc. Pero, si uno quiere conocer al Señor Jesús, tiene que tomar decisiones correctas, como perdonar. El obispo explicó que el Señor Jesús «quiere nuestra obediencia por encima de cualquier cosa. Y obedecer no depende de sentir, es una decisión».
«Nadie siente ganas de perdonar», aclaró. «Por ello, si alguien le hirió, le traicionó, le engañó o destruyó su vida, humanamente no tendrá ganas de perdonarla. Sin embargo, Él mandó que perdonara. Entonces, uno perdona en el Nombre de Jesús. Es lo correcto, lo que Dios espera».
¿Qué es mejor?
La Biblia explica que, en una ocasión, un rey actuó en desobediencia a la orden que Dios le había dado. Entonces, el profeta Samuel le enseñó a ese rey una de las lecciones más valiosas, pues el rey creía que podía comprar a Dios con ofrendas o sacrificios, y con ello cubriría sus pecados y su mala conducta.
«Y Samuel dijo: ¿Se complace el Señor tanto en holocaustos y sacrificios como en la obediencia a la voz del Señor? He aquí, el obedecer es mejor que un sacrificio, y el prestar atención, que la grosura de los carneros» (1 Samuel 15:22).
En el encuentro, el obispo preguntó: «¿De qué sirve traer sacrificios y ofrendas a Dios, pero no obedecerlo?». En ese caso, «lo que uno hace no vale nada, porque está haciendo las cosas a medias, y con Dios es todo o nada». Él quiere obediencia por encima de cualquier cosa, que uno perdone. «Y si tengo que ver a esa persona, convivir con ella, no hay problema […]. Cuando hago eso, estoy sanando mi alma», comentó.
Jesús ve lo que otros no
«Simón respondió, y dijo: Supongo que aquel a quien le perdonó más. Y Jesús le dijo: Has juzgado correctamente. Y volviéndose hacia la mujer, le dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Yo entré a tu casa y no me diste agua para los pies, pero ella ha regado mis pies con sus lágrimas y los ha secado con sus cabellos. No me diste beso, pero ella, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. No ungiste mi cabeza con aceite, pero ella ungió mis pies con perfume. Por lo cual te digo que sus pecados, que son muchos, han sido perdonados, porque amó mucho; pero a quien poco se le perdona, poco ama. Y a ella le dijo: Tus pecados han sido perdonados» (Lucas 7:44-48).
Cuando alguien se acerca al Señor Jesús con arrepentimiento, como la mujer, Él le da una vida nueva. Por ejemplo, ella reconoció sus pecados, no quería la misma vida que tenía. Por ello, a partir de aquel momento fue salva y transformada.
«Y eso es lo que Él quiere hacer con usted. No importa quién sea, ni su pasado. Lo que importa es que, si hoy toma la decisión de perdonar, de entregarle su vida al Señor Jesús y sube a este Altar, Él le va a dar una vida nueva. Va a borrar sus errores, a quitar su dolor y restaurar su vida», enseñó.
El ejemplo de Adán
Pero ¿por qué es tan importante que uno reconozca sus errores? Cuando comió del fruto prohibido y Dios lo cuestionó, ¿qué fue lo que Adán dijo? «La mujer que me diste por compañera me dio del fruto de ese árbol, y yo comí» (Génesis 3:12).
Es decir, no asumió su parte de la responsabilidad. «Porque en el fondo él también quería comer del fruto», explicó el obispo. Y eso es lo peor: no reconocer los propios errores. No obstante, más adelante, cuando se vio lejos de la presencia de Dios, se arrepintió.
Sin importar cuál sea la situación, quien toma la decisión de rendirse por completo al Altísimo, el Espíritu Santo vendrá sobre su vida para transformarla.
