¿Vives anestesiado?

¿Sabías que hay un mal causando que las personas pierdan todo lo que llega a sus manos? El pasado domingo 31 de mayo, durante el Santo Culto, el obispo Franklin Sanches enseñó acerca de la existencia del «devorador» y cómo este busca destruir vidas.

Muchas personas se esfuerzan, pero no obtienen resultados (o estos no duran), porque «el devorador actúa para que ellas no puedan tener nada». Un ejemplo es que, en la actualidad, el dinero se ha ido devaluando para que las personas tengan un poder de compra cada vez menor, exigiendo que un trabajador se esfuerce más para conseguir lo que antes obtenía por menos.

De acuerdo con las enseñanzas del obispo, lo que hay detrás no es un simple problema económico, sino espiritual. En la Biblia, en el libro de Joel, encontramos algo muy interesante al respecto.

«Palabra del Señor que vino a Joel, hijo de Petuel. Oíd esto, ancianos, y prestad oído, habitantes todos de la tierra» (Joel 1:1-2).

El mensaje no era para un grupo en específico, sino para todos los habitantes de la tierra. No obstante, el profeta hizo un llamado principalmente a los ancianos, porque ellos ya habían enfrentado crisis y otras situaciones difíciles.

«¿Ha acontecido cosa semejante en vuestros días, o en los días de vuestros padres? Contadlo a vuestros hijos, y vuestros hijos a sus hijos, y sus hijos a la siguiente generación» (Joel 1:3).

Cuando les dijo esto, notaron que las dificultades que el pueblo estaba enfrentando no habían sucedido antes. Eso también podemos verlo en nuestros días: «Hoy, de cada diez parejas, tres o cuatro se separan. O sea, cuarenta por ciento de las personas que se casan se van a divorciar […]. Nunca se había visto eso», comentó.

¿Te acostumbraste?

Con ello, lo que Dios buscaba era que las personas despertaran y dejaran de acostumbrarse a los problemas. «Porque eso es lo que este mundo quiere. Quiere que las personas normalicen, que se acostumbren a determinadas situaciones. Por ejemplo, una pareja se casa, pero ya lo hacen con la mentalidad de que en cualquier momento se van a divorciar. El “hasta que la muerte los separe” se está volviendo, para la mayoría, algo anticuado».

En realidad, es el diablo quien va usando todos los medios posibles para normalizarlo; quiere exactamente esto: anestesiar a las personas. Un claro ejemplo es cuando la persona vive en un ambiente donde hay mal olor, sin embargo, pasa tanto tiempo ahí, que ya no lo percibe. Pero cuando entra alguien más, lo nota de inmediato.

«Lo que dejó la oruga, lo comió la langosta; lo que dejó la langosta, lo comió el pulgón; y lo que dejó el pulgón, lo comió el saltón» (Joel 1:4).

Podemos ver que una serie de pérdidas afectó al pueblo, por lo tanto, llevaban una vida miserable, de fracasos e infeliz. «¿Ya notó que, cuando usted pasa por un problema y ya está casi saliendo, aparece otro peor que el anterior? Eso era lo que estaba sucediendo con Israel. Una secuencia de situaciones estaba ocurriendo y los estaba haciendo quedar cada vez más necesitados y sufriendo. Sin embargo, nadie se daba cuenta, porque todo comenzó a parecer normal», explicó el obispo.

«Despertad, borrachos, y llorad, y gemid todos los que bebéis vino» (Joel 1:5).

«Usted sabe que el borracho bebe y, la mayoría de las veces, no comienza como un vicio, sino como una diversión, un pasatiempo. Y, normalmente, todo alcohólico bebe porque quiere olvidar su realidad».

Aunque muchas personas se embriagan con alcohol, hay otras que se emborrachan con otras cosas, las vuelven su refugio: se vuelven adictas al celular, al internet, a la inteligencia artificial para no razonar, incluso hacen del trabajo su escape, etc. Por tantos problemas, buscan estar anestesiadas para distraer su mente, «y el diablo siempre está creando novedades para que uno evada la realidad y no consiga pensar», pues es el maestro de las ilusiones.

Un cambio de mentalidad

Cuando el profeta dijo: «Despertad, borrachos, y llorad, y gemid», se refería al lloro de la fe, es decir, un clamor para buscar a Dios, porque todo lo que estaba aconteciendo fue a raíz de que se alejaron del Señor. Por eso sufrieron pérdida tras pérdida, fracaso tras fracaso, pues la distancia de Dios produce ese desequilibrio interior que fragiliza al ser humano.

Para ilustrar el peligro de las distracciones, el obispo Franklin recordó el caso de Marta. Aunque tenía a Jesús dentro de su casa, la Biblia dice que ella se distraía con muchos quehaceres. Estaba tan enfocada en otras cosas que descuidó lo más importante, mientras que María escogió «la buena parte»: escuchar al Señor. Por eso Jesús le dijo: «Marta, Marta, tú estás preocupada y molesta por tantas cosas» (lee la historia completa en Lucas 10:38-42).

Asimismo, muchas personas viven tan ocupadas o distraídas que dejan de dedicar tiempo a al Señor Jesús. Sin embargo, quienes quieren cambiar esa realidad necesitan usar una brújula: la Palabra de Dios. «La Biblia no es anticuada, es moderna. Cuando usted pasa tiempo con ella, comienza a entenderla, y va a tener la dirección para salir de todos sus problemas», explicó.

Al finalizar, el obispo hizo un llamado a acercarse a Jesús, porque en Él se encuentra la orientación y la paz que tantos buscan.

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