Un trasplante de corazón

Un trasplante de corazón

Por Departamento Web 2

«Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?» (Jeremías 17:9). Quien aún no nació del Espíritu Santo, es gobernado por el corazón. Es una persona más emotiva que racional, por eso toma tantas decisiones equivocadas, explicó el obispo Franklin Sanches durante el Santo Culto del pasado 1 de agosto.

Un ejemplo de ello son los que inician una relación amorosa y durante el noviazgo notan ciertas señales de alerta como vicios, infidelidad o violencia en su pareja. Entonces, el corazón las lleva a pensar que, con el tiempo, el amor o una vez casados la otra persona dejará esas conductas y serán felices. Sin embargo, el matrimonio podría convertirse en un infierno por escuchar la voz del engaño.

De acuerdo con el obispo «el corazón no fue hecho para pensar, él es el símbolo de las emociones, solo quiere sentir», él lleva a las personas a actuar mal por impulso porque es perverso. Además, hace que viva inseguro y celoso. «Es él quien hace a un hombre casado mirar a otra mujer», le hace pensar que nadie se va a enterar de la infidelidad, pero termina perdiendo su familia. El corazón dice: «solo una vez», pero le hace vivir una vida infeliz.

Esta historia se repite en la vida de muchos hombres y mujeres que se dejan llevar por las emociones y la ansiedad en distintas áreas de su vida. El obispo explicó que el diablo encuentra espacio en ese corazón y lleva a la persona a la destrucción.

«Entonces os rociaré con agua limpia y quedaréis limpios; de todas vuestras inmundicias y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Además, os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros; quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne» (Ezequiel 36:25-26).

El agua es la Palabra de Dios. Al leerla somos limpiados y nuestros ojos se abren. «El Espíritu Santo, a través del nuevo nacimiento, quita el corazón corrupto, perverso y coloca el corazón de Dios», comentó.

De esta forma, al entregarnos completamente al Señor Jesús, recibimos un trasplante de corazón. El corazón de piedra es cambiado por uno sensible e inclinado a las cosas de Dios. Además, recibimos un espíritu nuevo, es decir, un cambio de mente: los malos pensamientos son quitados.

«Pondré dentro de vosotros mi espíritu y haré que andéis en mis estatutos, y que cumpláis cuidadosamente mis ordenanzas. Habitaréis en la tierra que di a vuestros padres; y seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios. Os libraré de todas vuestras inmundicias; llamaré al trigo y lo multiplicaré, y no traeré hambre sobre vosotros. Y multiplicaré el fruto de los árboles y el producto del campo, para que no recibáis más el oprobio del hambre entre las naciones» (Ezequiel 36:27-30).

Primero tiene que ser eliminado el corazón viejo, religioso, atado a costumbres, «entonces el Espíritu Santo viene. Ahí está el cambio de su historia, el cambio de vida que usted busca», explicó el obispo. Cuando tenemos una mente nueva Dios coloca Su Espíritu y le guía hacia una vida con abundancia.

Si aunque intenta no consigue cambiar, continúa mintiendo, en los vicios o teniendo actitudes equivocadas, entonces está siendo guiado por su corazón y solo hay una salida: «Necesita un trasplante. No con el cardiólogo, sino con nuestro Señor Jesucristo», dijo.

El Ayuno de Daniel es para quien quiere recibir la mente de Cristo. Al enfocarnos en las cosas de Dios somos transformados para recibir un nuevo corazón.

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