Tribulación

Tribulación

Por Social Media

El origen de la palabra tribulación viene del latín tribulatio.onis, teniendo como sinónimos: apertura, martirio, tortura, aflicción, agonía, angustia, tormento, atribulación y dolor.

La tribulación era una forma de tortura usada en los años medievales. La persona era puesta en el piso sobre su espalda y eran puestos pesos sobre su pecho, uno tras otro, hasta que la persona no lograra respirar más y llegara al punto de ser aplastada viva.

Los cristianos, en los días del imperio romano, pasaron por este tipo de tortura por no aceptar la idolatría a los emperadores y gobernadores de esa época. Las opciones eran solamente dos: negar la fe y verse libre de la tribulación o asumir la fe y ser aplastado vivo.
El apóstol Pablo les escribe a los Corintios sobre esa tortura, llamándola leve tribulación momentánea:

“Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas”. (2 Corintios 4:16-18 RVR1960)

Las torturas no tenían nada de momentáneo y tampoco eran leves. Además de constantes, causaban un inmenso martirio, pero es exactamente así como los nacidos de Dios veían a las torturas, como leves y momentáneas, a fin de cuentas la fuerza producida por el Espíritu Santo dentro de ellos era muy superior a la falta de aire causada por los pesos o al dolor de sus costillas quebrándose, a medida que eran añadidos los pesos.

Mientras que la tribulación (tortura) causaba heridas, dolor y debilidad física, el hombre interior, o sea, aquellos que eran espirituales, se alegraban, pues estaban conscientes de lo que les esperaba en el Reino de los Cielos. Por ese motivo, no negaban la fe, incluso sabiendo que serían torturados, a veces, hasta la muerte. La única forma de librarse de la tribulación era negando la fe, ¡pero eso, para un nacido de Dios, es IMPOSIBLE!

Quien es de Dios sabe lo que le espera después de su muerte. Los pesos de las aflicciones producirán un peso mucho más grande y duradero: ¡la salvación eterna!

“Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria”. (vers. 17)

¿Usted ya se hizo esta pregunta: por qué el Señor Jesús no hacía algo para eliminar esos pesos? Porque quitarlos sería como eliminar la cruz del Señor Jesús. ¿Entendió? Sin la cruz no hay sacrificio, ¡sin el sacrificio no hay salvación!

“No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven”. (vers. 18)

El nacido de Dios no mira las aflicciones, las injusticias y las persecuciones, ¡pues sabe lo que le espera después de las tribulaciones o incluso después de la muerte! Esto es muy profundo para que el hombre natural lo entienda. ¡Es locura, de la más pura!
La diferencia entre el cristiano verdadero y el cristiano pirata se veía en el momento de la tribulación, pues el nacido de la carne negaba la fe y huía.

Así, es en el momento de la tribulación que conocemos quiénes somos de verdad. ¡Era así en el pasado y así continuará siendo hasta la venida de nuestro Señor!

Por eso luchamos para que todos reciban el Espíritu Santo, pues solamente Él es capaz de sustentarnos en el momento de aprieto.
La tribulación que está enfrentando, en este momento, mostrará si usted es nacido de Dios o de la carne.

¡Que Dios lo bendiga!

Colaboró: Obispo Marcelo Pires

Extraído del blog del Obispo Macedo

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