¡Todos nosotros vamos a dar cuentas!

¡Todos nosotros vamos a dar cuentas!

Por Departamento Web 2

«Por tanto, puesto que Cristo ha padecido en la carne, armaos también vosotros con el mismo propósito, pues quien ha padecido en la carne ha terminado con el pecado, para vivir el tiempo que le queda en la carne, no ya para las pasiones humanas, sino para la voluntad de Dios» (1 Pedro 4:1-2).

Dios sabe que la primera batalla que libramos es en la mente. Porque, aunque los malos pensamientos son inevitables, ya que nos llegan a todos, tenemos el poder de elegir qué pensamientos alimentamos.

Entonces, en estos dos versículos el Espíritu Santo revela que, así como el Señor Jesús sufrió en la carne y también fue tentado en todo, incluidos los malos pensamientos, no pecó. Sino que eligió someterse a la voluntad del Padre.

Saber discernir qué es carne y qué es Espíritu

Por tanto, nosotros que ya sufrimos de malas decisiones y reacciones equivocadas, movidos por el corazón, como siervos de Dios no podemos insistir en la carne. Pero debemos saber discernir con claridad entre lo que es carne y lo que es Espíritu. Lo que es la voluntad de Dios y lo que es nuestra voluntad.

Aun siendo bautizados con el Espíritu Santo y siendo siervos de Dios, tú y yo estamos sujetos a las concupiscencias, que son los sentimientos, los deseos de la carne. Los ojos ven, los oídos oyen y el corazón siente, pero es la cabeza la que tiene que decidir.

Sin embargo, esta decisión es individual. Pero vale la pena recordar que incluso si vivimos 70, 90 o 120 años, es muy poco cercano a lo que viviremos por toda la eternidad. Por eso, el poco tiempo que nos queda, tenemos que vivir para Cristo, según la voluntad de Dios.

¿Estás sirviendo a Dios según tu voluntad o según Su voluntad?

Cuando servimos a Dios según la carne, queremos imponer nuestra voluntad. Pero cuando le servimos según Su voluntad, no nos importa si nuestra opinión, si nuestro punto de vista será aceptado o no. Estamos haciendo la voluntad de Dios, por eso, no nos quedamos de mal humor, entristecidos, molestos o heridos. Al contrario, estamos preparados y servimos.

«Porque el tiempo ya pasado os es suficiente para haber hecho lo que agrada a los gentiles, habiendo andado en sensualidad, lujurias, borracheras, orgías, embriagueces y abominables idolatrías. Y en todo esto, se sorprenden de que no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan» (1 Pedro 4:3-4).

Cuando el apóstol Pablo se refiere a las idolatrías, no se refiere solo a la adoración de imágenes, sino a la idolatría de amar a las cosas y a las personas más que a Dios.

Además de eso, no puede haber entre nosotros espíritu de competencia, sino de temor, reverencia y santidad.

«Pero ellos darán cuenta a aquel que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos» (1 Pedro 4:5).

Entonces todo el mundo va a dar cuentas, tanto los que están afuera como los que están adentro. Tanto los que forman parte de la obra de Dios, como los que no forman parte, van a dar cuentas de todas esas cosas a Aquel que juzga a vivos y muertos.

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