Se abusa de la tierra, de los alimentos, de la salud, de los animales…
Y esto sucede porque el ser humano cree que todo le pertenece o que todo es obra del acaso y, por lo tanto, no le pertenece a nadie.
Cuando, en realidad, todo tiene un Dueño.
Todo es de Dios.
Nada, absolutamente nada, es nuestro.
Ni siquiera un solo segundo de vida, porque cada corriente de oxígeno es obra del Creador.
