Solo un poco más…

Padre mío, son tantas las palabras atoradas en mi pecho. Es una mezcla de gratitud y dolor, difícil de explicar e incluso de expresar. Pero Tú lees las lágrimas de mi alma, conoces lo más íntimo de mi ser. Y, cuanto más se oscurecen los tiempos, más se confirma en mí la esperanza de Tu día. Tu día está llegando. El día en que toda la Tierra tendrá que arrodillarse y confesar quién es verdaderamente el Señor.

Hasta entonces, los dolores de parto son constantes. Las advertencias ya no resuenan solo por medio de las trompetas, sino también por medio del dolor. Y, en lugar de llevar a la creación hecha a Tu imagen a colocar los ojos hacia el Cielo, tantos se vuelven contra Ti. ¿Cuántos han preferido la muerte antes que reconocerte?

Guerras, epidemias, hambre, miseria, desastres naturales, falta de amor, mentiras, odio, corrupción, escándalos, estafas, violencia, abusos, codicia… las ideologías por todas partes, que solo nos dividen aún más.

Entonces surge el clamor silencioso, aquella petición que se repite diariamente en lo más profundo del alma:

«Ven a buscarnos, Señor, este mundo ya dio lo que tenía que dar». Pero el Consolador enseguida viene, nos abraza y nos fortalece: «Solo un poco más. Permanece firme. “Al que venciere…” (Apocalipsis 3:21)».

Gracias, Señor.

Cristiane Cardoso

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