Sin Su Presencia no existe la diferencia

Sin Su Presencia no existe la diferencia

Por Departamento Web 2

«Cuando una persona entiende la necesidad de tener la presencia de Dios dentro de ella, entonces hará todo lo que sea necesario para que esa presencia la acompañe», dijo el obispo Franklin Sanches durante el Santo Culto del pasado domingo 5 de diciembre. Y es que, sin la Presencia de Dios, ninguna conquista le hará feliz ni le dará garantía de una vida plena.

Actualmente, las personas están preocupadas por vencer sus problemas, muchos solo buscan solucionar una situación por la que están atravesando. Entonces, hacen campañas, cadenas, propósitos, oraciones y ayunos para resolver esa situación. Y por usar su fe, esas personas recibirán la respuesta, pues la fe puesta en Jesús hace que una persona prospere, recupere su matrimonio o sea sanada de una enfermedad. «Sin embargo, esa conquista, esa bendición o milagro será momentáneo. No será lo que la convertirá en una persona plena», explicó.

En una ocasión, Dios habló con Moisés cuando él estaba en el monte Sinaí, a punto de salir rumbo a la tierra prometida: «Entonces el Señor dijo a Moisés: Anda, sube de aquí, tú y el pueblo que has sacado de la tierra de Egipto, a la tierra de la cual juré a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: A tu descendencia la daré» (Éxodo 33:1).

El obispo explicó que «la promesa de Dios se cumple sí o sí, nadie puede impedir que los planes de Dios se cumplan». Él prometió una tierra a Abraham, Isaac y Jacob.

«Pero ¿de qué sirve conquistar y continuar siendo infeliz? Hay gente que ya conquistó mucho, pero continuó con la misma condición espiritual». Muchos han conquistado bienes, empresas, pero continúan depresivos, de mal carácter, siendo un mal padre, un mal hijo, una mala esposa. Incluso algunos no consiguen que su familia los acompañe a la iglesia, pese a que sus familiares ya vieron el poder de Dios en sus vidas. «Es porque tienen las evidencias de las conquistas por el poder de Dios, pero no tienen evidencias de la presencia de Dios en ellos», pues el poder y la Presencia de Dios son dos cosas diferentes.

«Y enviaré un ángel delante de ti, y echaré fuera al cananeo, al amorreo, al hitita, al ferezeo, al heveo y al jebuseo. Sube a una tierra que mana leche y miel; pues yo no subiré en medio de ti, oh Israel, no sea que te destruya en el camino, porque eres un pueblo de dura cerviz» (Éxodo 33:2-3).

Dios les dijo que no iría con ellos, sino que mandaría un ángel para ir delante del pueblo. Cuando Moisés escuchó eso, dijo:

«Mira, tú me dices: Haz subir a este pueblo; pero tú no me has declarado a quién enviarás conmigo. Además, has dicho: Te he conocido por tu nombre, y también has hallado gracia ante mis ojos. Ahora pues, si he hallado gracia ante tus ojos, te ruego que me hagas conocer tus caminos para que yo te conozca y halle gracia ante tus ojos. Considera también que esta nación es tu pueblo. Y Él respondió: Mi presencia irá contigo, y yo te daré descanso» (Éxodo 33:12-14).

Moisés quería conocerlo, no quería solo resolver su problema. Estaba consciente de la importancia de Su Presencia. «Entonces le dijo Moisés: Si tu presencia no va con nosotros, no nos hagas partir de aquí» (Éxodo 33:15).

Dios ya había prometido la posesión de la tierra, pero solo mandaría un ángel a acompañarlos. No obstante, Moisés no lo aceptó. En otras palabras, dijo: «¿De qué me sirve conquistar si Tú no estás conmigo? ¿De qué me sirve tener una cosa u otra si no voy a tener paz en mi interior?». Él tenía consciencia de cuál era la mayor necesidad.

«Moisés ya sabía que el ángel no era omnipresente. Sabía que el ángel no podía consolar o fortalecer al pueblo ni vencer solo la guerra», comentó el obispo. «Yo prefiero morir en el desierto con Tu Presencia, que conquistar sin Tu Presencia», añadió.

«¿Pues en qué se conocerá que he hallado gracia ante tus ojos, yo y tu pueblo? ¿No es acaso en que tú vayas con nosotros, para que nosotros, yo y tu pueblo, nos distingamos de todos los demás pueblos que están sobre la faz de la tierra?» (Éxodo 33:16).

Lo que va a hacer la diferencia entre usted y otras personas es la Presencia de Dios en su vida. Si usted no la tiene, no va a conseguir la verdadera felicidad en ninguna otra área.

«¿Quién puede detener a aquel que va con la Presencia de Dios?», finalizó.

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