¿Ya le abriste la puerta?
Durante la reunión del Santo Culto del pasado 27 de septiembre, el obispo Franklin Sanches indicó que, para establecer un orden en todas las áreas de la vida, primero debe buscarse la paz interior, la del alma. Pero ¿cómo alcanzar ese bienestar?
El alma no se puede llenar con dinero, amistades, pareja, estudios, empleo, etc., porque solo consigue estar plena a través del Señor Jesús. Y es que ella no fue creada para estar vacía. «Yo siempre lo digo: el alma fue hecha a la medida de Dios», enseñó el obispo. Es decir, así como una prenda hecha a la medida de una persona no le quedará igual a alguien más, tampoco cualquier cosa puede ocupar el lugar que le corresponde a Él.
Sin embargo, no son pocos los que quieren llenar su vacío interior con algo más. Por ejemplo, una persona puede casarse enamorada y desear que su relación dure para siempre. Sin embargo, con el tiempo comienza a descubrir los defectos y las diferencias del otro. Si esperaba que su pareja llenara el vacío de su alma y la hiciera feliz, puede terminar frustrada y pensar que necesita a alguien más.
La morada de Dios
Asimismo, el obispo recordó que en la Biblia el Señor es llamado el «Amado de mi alma», porque solo Él puede darle al alma humana lo que necesita.
«Porque así dice el Señor que creó los cielos (Él es el Dios que formó la Tierra y la hizo, Él la estableció y no la hizo un lugar desolado, sino que la formó para ser habitada): Yo Soy el Señor y no hay ningún otro» (Isaías 45:18).
De acuerdo con la Palabra, Dios no creó la Tierra para que estuviera vacía, sino para que fuera habitada. De la misma manera, el ser humano fue creado para ser la morada de Dios. Es decir, nuestro cuerpo es una casa, Su templo, y necesita ser habitada por el Espíritu Santo para que tenga la verdadera alegría.
Cuidado, ¡la casa no puede estar vacía!
«Imagine que alguien compra un terreno y dice: “Voy a levantar aquí una casa muy bonita, a colocar una piscina, voy a dejarla muy bien, pero quiero que se quede vacía”», comentó. Nadie construye una casa para dejarla abandonada porque, ¿qué va a suceder? Alguien la va a invadir.
Lo mismo pasa con nuestra alma; si está vacía, puede ser ocupada por malos pensamientos, resentimientos, deseos y todo lo que termina destruyendo la vida de la persona. De acuerdo con el obispo, esa casa tiene que llenarse con la presencia de Dios. «No hay otro que pueda llenar su vida y hacerla plena. No lo hay. No intente hacerlo», explicó.
Él no invade
Ejemplificó que cuando una persona va a casa de un familiar, lo primero que hace es llamar a la puerta y entrar a dicho recinto. Así también es el Señor Jesús: solo entrará en la persona cuando ella esté decidida de entregarse por completo para recibirlo.
«He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye Mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo» (Apocalipsis 3:20).
Él no entrará a la fuerza; es elección de uno el dejarlo entrar. De esta manera, la persona alcanzará su propia paz interior. «Hoy, Jesús está llamando, está tocando a su puerta porque quiere llenar su vacío. Solo Él puede hacer eso. ¿Quiere abrir la puerta?», finalizó.
