Este artículo no es sobre dietas, pero puede ayudar con eso
De un año para acá, perdí mucha ropa, tuve que ajustarme al cuerpo de una mujer en sus cincuenta años, y me ajusté. Aumenté de talla. Sin estrés.
Pero el peso, por encima de lo ideal, no afecta solo la apariencia. Afecta la salud, causando inflamaciones e incomodidades que, en el fondo, pesan mucho más que números en la balanza.
Hace poco más de dos semanas, comencé una dieta bien restrictiva, de esas que prohíben todo lo que siempre ha formado parte de mi vida. Sin gluten, sin azúcar, sin derivados de leche.
Renato y yo entramos juntos en ella, y juntos nos estamos adaptando… y riéndonos el uno del otro cuando llega el hambre.
Y desde entonces, curiosamente, parece que las tentaciones aumentaron. Chocolates, pasteles, dulces… hoy, al recibir una caja de chocolate de Japón, me di cuenta: la vida espiritual es igual.
Cuando decidimos dejar algo que nos aleja de Dios, es como si las oportunidades para volver atrás se multiplicaran. Pero la fidelidad se prueba justamente ahí, cuando decir “no” exige más que fuerza de voluntad: exige propósito.
No se trata de una dieta. Pero, si usted necesita un incentivo para comenzar la suya… quién sabe esta reflexión también le ayude.