Sí, el amor ya se enfrió en casi todos

Sí, el amor ya se enfrió en casi todos

Por Departamento Web

Una ley aprobada recientemente en el estado de Indiana, Estados Unidos, causó polémica en la población. Se están instalando buzones en algunos puntos de la ciudad para recibir bebés rechazados por las madres.

El objetivo de los buzones es evitar, o por lo menos, reducir el número de muertes de recién nacidos abandonados. Pues les ofrece a esas madres una “forma segura de abandonar a su hijo”.

El lugar está equipado con un regulador de temperatura y alarma, para que el rescate sea hecho en menos de 5 minutos por las autoridades competentes.

Una cuestión para reflexionar

Sin duda, es una cuestión muy delicada y que posee muchos sesgos. Hay quien condena la iniciativa por creer que incentivará aún más el abandono. Por otro lado, los que la apoyan, argumentan que, por lo menos, la madre tiene la posibilidad de dejar al niño en un lugar seguro, sin riesgo de muerte.

Este tema, sin embargo, no tiene la pretensión de señalar quién está bien o mal, o qué sería más conveniente. Sino dejar una reflexión.

El punto al que llegó la humanidad. Es decir, para proporcionar una mínima oportunidad de supervivencia a un bebé no deseado, la única salida encontrada es instalar buzones en las ciudades para que una madre se deshaga allí de su hijo, sin el más mínimo remordimiento en la conciencia. En lugar de eso, ella incluso podrá sentir alivio, al aferrarse a ese pensamiento: “Por lo menos dejé a mi bebé a salvo”. Y la vida sigue.

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Señales de los tiempos

Pero con respecto a eso, el Señor Jesús dejó muy en claro que así sería en el fin de los tiempos.

“… y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará” (Mateo 24:12)

¿Y no es eso lo que hemos visto diariamente en las noticias? Guerras, asesinatos, violaciones, secuestros. Hijos quitándoles la vida a sus padres, padres atentando contra la vida de sus hijos, mujeres siendo agredidas y asesinadas por el propio marido y viceversa.

Sin embargo, lo que llama la atención es que al tratarse del amor de madre, se hace más evidente el grado de frialdad que el ser humano ha alcanzado en los últimos tiempos. Esto es porque el amor materno es lo único comparable al amor de Dios por nosotros. Él mismo es quien lo compara:

“¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti” (Isaías 49:15).

El ápice de la frialdad humana

Es decir, al constatar que llegamos a una época en la que una madre es capaz de olvidar a su hijo, sin que eso le cause ningún remordimiento o pesar, y aún más, que ese acto es visto por la sociedad como algo natural, no hay dudas de que alcanzamos el ápice en términos de frialdad y ausencia de amor. Solo nos queda esperar el fin.

“E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro” (Mateo 24:29-31).

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