«Y no entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, por el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia.» (Efesios 4:30-31).
El bautismo en las aguas es un acto en el que se sepulta la carne; es decir, la vieja naturaleza de la persona que se arrepiente de sus pecados.
Sabiendo del mal que hay en la amargura, la ira, el enojo, los gritos, la blasfemia y la malicia, hay que tomar la decisión de no practicar estas injusticias; solo así se estará libre de esas maldiciones y se tendrá una nueva manera de pensar y un corazón nuevo.
Permaneciendo fiel, el Espíritu Santo viene a morar en ese justo, sellándolo y guiándolo a toda la verdad.
