Este domingo 25 de enero será un día de Reencuentro con Dios para los hijos.
📖 «Y Jesús dijo: Cierto hombre tenía dos hijos» (Lucas 15:11)
La parábola conocida como la del hijo pródigo comienza, intencionalmente, destacando que había dos hijos. El propio Señor Jesús lo deja claro desde la primera frase. Aun así, la mayoría de las veces la atención se concentra solo en el hijo menor: su rebeldía, su caída y, después, la misericordia del padre al recibirlo de vuelta con una fiesta.
Pero la historia es más profunda.
No habla solo del hijo que se fue de casa, sino también del hijo que se quedó.
Cuando el hijo menor regresa arrepentido y es recibido con alegría, el hermano mayor reacciona de forma inesperada. La Biblia relata:
«Entonces él se enojó y no quería entrar. Salió su padre y le rogaba que entrara.» (Lucas 15:28)
Indignación, resentimiento, amargura.
No solo contra su hermano —sino, principalmente, contra el padre—.
Observa cómo se refiere a él: «este hijo tuyo…» (Lucas 15:30)
No lo llama «hermano». El resentimiento rompe vínculos.
La historia termina con el hijo pródigo redimido: perdonado, restaurado y reconciliado con el padre.
Pero el hijo mayor se queda fuera de la fiesta, cargando un doble resentimiento: contra su hermano y contra su padre.
Y surge una pregunta importante:
¿Cuál fue el error del padre para merecer ese resentimiento?
Ninguno.
El resentimiento del hijo mayor nació de la comparación, del sentimiento de superioridad y de la idea de que merecía más por «nunca haber fallado». Al final, su error fue más grave que el de su hermano: permitió que el resentimiento tomara el control de su corazón.
Esta parábola revela dos realidades que aún existen hoy:
• Fuera de la iglesia: muchos hijos pródigos, personas que ya estuvieron en la Casa del Padre, pero hoy están lejos, heridas, caídas.
• Dentro de la iglesia: muchos «hermanos mayores», personas presentes físicamente, pero amargadas, resentidas con Dios, con líderes, con hermanos o con situaciones no resueltas.
La decepción, la frustración, la sensación de injusticia o simplemente el hecho de haber sido contrariadas hizo que guardaran resentimiento. Y eso bloquea la vida.
La Biblia nos enseña un principio claro: el perdón cura, une y permite nuevos comienzos.
El resentimiento, por otro lado, enferma el corazón y destruye a la persona por dentro y por fuera.
Lo que dijo el Obispo Macedo:
📌 Recuerda esto: mientras no perdones, tu vida quedará estancada.
👉 Ahora, una invitación
Detente un momento. Ora. Pídele a Dios que te muestre cualquier resentimiento escondido en tu corazón.
Decide perdonar —no porque el otro lo merezca, sino porque tú necesitas ser libre.
🙏 Y atención:
Este domingo 25 de enero se llevará a cabo la Santa Cena Extraordinaria de la Reconciliación.
Será un Reencuentro con Dios para los hijos (los que están fuera y los que, aun estando dentro, necesitan volver al Padre de corazón).
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