Respuesta a la moda antigua

Respuesta a la moda antigua

Por Departamento Web

Hay cuestiones tan difíciles en la vida que las palabras, los consejos o las buenas ideas no traen soluciones. Son aquellos problemas que acostumbran arrastrarse durante largo tiempo, probando las fuerzas y los límites humanos.

Si usted vive una situación así, continúe leyendo este texto, porque en él está la llave para que usted la venza. 

En la época de Elías, Israel vivía la mayor decadencia espiritual de todos los tiempos. La nación fundada y establecida por Dios estaba en el fondo del pozo, por haber tenido la idolatría oficializada por el rey Acab y su esposa, Jezabel.

El pueblo oscilaba entre servir a Dios y servir a los dioses que la monarquía imponía. Delante de este panorama, era necesaria una acción contundente para que quedara claro Quién era el verdadero Dios de Israel.

Desde el tiempo de Abel, Abraham, Isaac yJacob, Dios acostumbraba mostrar Su aprobación o desaprobación por medio del sacrificio en el Altar. Elías sabía eso, por eso, fue valiente al proponer este tipo de desafío a los 850 profetas de Baal y Asera. Entienda que, valentía no significa ausencia de miedo, sino una búsqueda continua de fuerza para sobreponer cualquier recelo y, así, hacer lo que necesita hacerse.

Normalmente, en un sacrificio es común que el ofrendante coloque el fuego sobre el animal, pero el profeta hizo difícil el proceso en aquella ocasión, porque él dijo que el fuego debería provenir del cielo, es decir, nada de manos humanas para ayudar en el momento correcto. Solo un detalle a resaltar: del cielo no estaba proviniendo ni agua en aquel tiempo, debido a la desobediencia del pueblo a Dios. 

Ambos lados prepararon su altar. Pero, existe un Altar y los altares.

Vea que cualquiera puede construir un altar, pero la respuesta solo viene sobre este, si allí se presenta el perfecto sacrificio para el Único y Verdadero Dios. 

Los falsos profetas tenían todas las condiciones para vencer el desafío, porque eran numerosos y tenían a la realeza a su favor. Sin embargo, eso no fue lo que sucedió, porque quien tiene al Altísimo de su lado siempre es mayoría, aunque esté solo. De nada sirvió que los 850 hombres estuvieran durante horas en un frenesí desesperante, pues ninguna señal provino de sus ídolos. 

No obstante, cuando hay fe genuina, hay, consecuentemente, confianza absoluta de que Dios se manifestará.

En el Altar construido por Elías estaban juntas las 12 piedras, para representar a todo Israel y el fin de aquella fe dividida. Entonces, al colocar a las tribus juntas, Elías mostró que todo el pueblo de Dios necesita unirse en torno al mismo deseo de avivamiento.

Tras la separación del Altar y del sacrificio,Elías no necesitó gritar, saltar o sajarse (cortar su carne) para llamar la atención del Señor, pues él hacía eso con su vida puesta en riesgo delante de todos. El profeta estaba convencido de su triunfo, y 30 segundos de clamor fueron suficientes para que una enorme porción de fuego desgarrara el cielo y consumiera no solo el becerro, sino toda la leña, las piedras, la tierra y el agua de 12 cántaros colocada en la zanja alrededor del Altar.

El Todopoderoso actuó con esa intensidad porque Elías tenía dentro de sí la indignación al ver a una generación perdiéndose de su propósito. Y ese fue el combustible que estimuló a Dios atener prisa para manifestarse.

La actitud del profeta llega a nosotros para enseñarnos que debemos ser intrépidos como él, porque quien de verdad cree coloca su fe a prueba.

Necesitamos del fuego del cielo ahora, más del que Israel necesitó en el pasado. Tenemos urgencia de la intervención divina.

No obstante, hay una pregunta por hacerse:¿dónde están hoy los hombres y mujeres de Dios con el espíritu de Elías? Vea que Juan el Bautista cumplió de forma extraordinaria su ministerio, porque él vino en el mismo espíritu y poder de Elías.

Pero, si por un lado el Dios de Elías continúa siendo el mismo en carácter, poder y disposición, por el otro, encontrar a los “Elías” de hoy ha sido poco común.

Yo creo que el fuego continúa siendo una señal de la presencia manifiesta del SEÑOR para que haya separación entre los que son de Él de los que no lo son. Y si ese fuego no ha descendido, es porque nosotros no hemos sido osados como Su siervo lo fue en el pasado.

Por Núbia Siqueira                                         

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