Rechazar la malicia

«… pues la ira del hombre no obra la justicia de Dios. Por lo cual, desechando toda inmundicia y todo resto de malicia, recibid con humildad la palabra implantada, que es poderosa para salvar vuestras almas.» (Santiago 1:20-21)

El hombre que no confía en Dios vive irritándose y desea vengarse y hacer justicia por su propia mano, lo que solo lo oprime aún más, pues solo Dios puede hacer justicia.

Pero aquel que moldea su vida conforme a la Palabra de Dios, por medio de la cual recibió la liberación de sus pecados, que le trajo vida y paz, recibe también la protección del Padre, quien lo justificó, dándole la salvación de su alma.

Ester Bezerra

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