Durante su reinado, Salomón construyó el templo para el Señor. Al finalizar la obra, hizo una oración sincera pidiéndole que bendijera a todas las personas que llegaran allí. Además, ofreció sacrificios junto con el pueblo, por lo que descendió fuego del cielo y el lugar se llenó de la gloria de Dios.
«Así acabó Salomón la casa del Señor y el palacio del rey, y llevó a cabo todo lo que se había propuesto hacer en la casa del Señor y en su palacio. Y el Señor se apareció a Salomón de noche y le dijo: He oído tu oración, y he escogido para Mí este lugar como casa de sacrificio» (2 Crónicas 7:11-12).
Al iniciar el Santo Culto del primer domingo de febrero, el obispo Franklin Sanches explicó que el templo es una casa de sacrificio porque es donde uno decide entregarle su vida a Dios. «Cuando hablamos de sacrificio no nos referimos a dinero, sino a que, a partir de ese momento, la persona decide dejar lo malo, buscar a Dios y hacer lo correcto», comentó.
Sin embargo, hay quienes no están dispuestos a hacerlo. Es como el matrimonio, «muchas personas no quieren casarse porque no quieren un compromiso», y algunos hacen lo mismo con respecto al Señor.
Él nos dio la receta
«Si Yo cierro los cielos para que no haya lluvia, y si mando a la langosta que consuma la tierra, o si envío pestilencia a Mi pueblo; si se humilla mi pueblo, sobre el cual Mi Nombre es invocado, y oran, y buscan Mi rostro, y se convierten de sus malos caminos; entonces Yo oiré desde los cielos, perdonaré sus pecados y sanaré su tierra» (2 Crónicas 7:13-14).
¿Por qué hay muchas oraciones que no tienen respuesta? Porque las personas tienen que seguir un proceso. El propio Dios nos dio la receta para que Él escuche y responda nuestras peticiones.
1. «Si se humilla Mi pueblo»
Humillarse es reconocer la necesidad y dependencia del Señor. No obstante, algunos no lo hacen, más bien muestran arrogancia y soberbia. Por eso, Dios permite que lleguen situaciones que la persona no logre resolver con sus propias fuerzas o conocimientos. De acuerdo con el obispo Franklin, una persona puede tener dinero y decir: «¿Para qué busco a Dios si tengo dinero y con él puedo comprar cualquier cosa?». Pero por más que gaste y busque al mejor especialista, no encontrará una solución.
«Ya que ella no quiere humillarse y reconocerlo como Señor, llegarán problemas para quebrantarla», por ejemplo, un padecimiento, un ser querido en los vicios, etc.
2. «… y oran»
Orar no es lo mismo que rezar, porque rezar es recitar una oración. Pero la Biblia nos enseña que tenemos que orar, pues ese es el canal de comunicación con el Altísimo. «Por eso, nosotros siempre decimos “hable con Dios”, porque queremos que aprenda a comunicarse con Él». No se trata de hablar con perfección, porque una oración real es aquella en la que uno se expresa desde lo más profundo de su corazón, sin depender de nadie.
3. «… y buscan Mi rostro»
Muchos solo buscan la mano de Dios porque quieren recibir las bendiciones que tiene para dar. Sin embargo, Él nos enseña que debemos buscar Su rostro, es decir, conocerlo, aceptando que lo necesitamos y que queremos tener una experiencia con Él.
Porque ¿cómo hablar de alguien a quien no conocemos? Nosotros no lo vemos ni lo tocamos o sentimos, pero cuando obedecemos a Dios, sabemos que está con nosotros.
4. «… y se convierten de sus malos caminos»
Convertirse es cambiar de dirección. «Es darle la espalda al mundo y dirigirme a Él; es una decisión, no un sentimiento». El Espíritu Santo es quien nos muestra nuestros pecados y, al darnos cuenta de que no podemos seguir actuando mal, viene el arrepentimiento.
«Hay personas que acuden a la iglesia, pero no quieren reconocer sus errores», explicó. Pero la conversión es la base para la salvación; y no se trata solo de ir a la iglesia. El obispo enseñó que solo es salvo quien se arrepiente de sus pecados.
El ejemplo de Zaqueo
Hace tiempo existió un hombre llamado Zaqueo, quien era jefe de los recaudadores de impuestos y tenía mucho dinero. Sin embargo, su riqueza no era honesta, porque robaba. Pero cuando escuchó de Jesús, se interesó en conocerlo, incluso, subió a un árbol para verlo en medio de la multitud.
Cuando Jesús lo vio, le dijo que iría a su casa. Al llegar, Zaqueo escuchó las palabras de Jesús y decidió convertirse: «He aquí, Señor, la mitad de mis bienes daré a los pobres, y si en algo he defraudado a alguno, se lo restituiré cuadruplicado» (Lucas 19:8).
Así como Zaqueo, no importa la vida que tengas ni los errores o equivocaciones que cometiste. Está en tus manos tomar la decisión de humillarte, orar, buscar Su rostro y convertirte: «… entonces Yo oiré desde los cielos, perdonaré sus pecados y sanaré su tierra» (2 Crónicas 7:13-14).
