Durante el Santo Culto del pasado domingo 9 de agosto, realizado en el Templo de los Milagros, el obispo Franklin Sanches enseñó que asistir a la iglesia únicamente para buscar una bendición no transforma la vida. El verdadero cambio comienza cuando la persona decide obedecer lo que Dios estableció en las Escrituras.
«La vida de una persona cambia cuando decide obedecer la Palabra y seguir lo que está escrito; no la idea ni el pensamiento de un hombre, sino lo que está determinado. Cambiar de vida no es difícil; lo difícil es que la persona tome la decisión», afirmó.
La Palabra de Dios como fundamento
Para desarrollar esta enseñanza, el obispo recordó la historia de Jacob, nieto de Abraham e hijo de Isaac. Aunque creció dentro de una familia que mostraba su fe mediante la conducta y el carácter, Jacob prefirió conquistar las cosas con su propia fuerza y recurrió al engaño. Esta manera de actuar provocó el odio de su hermano y lo obligó a huir de su hogar sin ninguna posesión.
Durante el camino, Jacob pasó la noche en un lugar deshabitado y utilizó una piedra como cabecera, como relata Génesis 28:10-11. Al respecto, el obispo explicó: «La piedra hoy representa para nosotros la Palabra de Dios. La piedra es Cristo, la piedra de sustento, la piedra principal».
En ese lugar, Jacob tuvo un sueño: «y he aquí, había una escalera apoyada en la tierra cuyo extremo superior alcanzaba hasta el cielo; y he aquí, los ángeles de Dios subían y bajaban por ella» (Génesis 28:12). En medio de aquella situación, Dios le aseguró: «He aquí, Yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que vayas y te haré volver a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he prometido.» (Génesis 28:15).
«Cuando Jacob colocó la cabeza sobre la piedra, eso simbolizaba que estaba colocando su cabeza sobre la Palabra de Dios. Todo lo que usted fundamenta en la Palabra de Dios va a prosperar. Si quiere que las cosas le salgan bien, coloque su fe en lo que está escrito», señaló el obispo.
Subir de la manera correcta
La escalera también representaba la manera en que Jacob debía avanzar. Acostumbrado a buscar caminos rápidos, necesitaba comprender que sus conquistas no podían estar sustentadas en mentiras o actos deshonestos.
«Dios estaba diciéndole: “Jacob, no está mal que quieras subir, pero sube de la manera correcta. Sube escalón por escalón. Aprende. Habrá momentos en los que subirás y otros en los que tendrás que bajar, pero vas a subir”», expresó.
Esta enseñanza se aplica a quienes buscan progresar mediante negocios turbios, engaños, cobros injustos o actos de corrupción. «Quieren subir engañando, con mentiras y tranzas. Con Dios no funciona así», recalcó.
El obispo recordó que no puede existir una relación sincera con Dios mientras se practique la mentira. Jesús dijo que el diablo «es mentiroso y el padre de la mentira» (Juan 8:44). Por ello, aclaró que no existen las llamadas mentiras piadosas: «Para Dios es sí o no. Con Dios no hay más o menos, porque Él trabaja con la verdad y con la palabra. Él habla y sucederá, y quiere que nosotros también seamos así».
La fidelidad a la palabra dada debe reflejarse en todos los ámbitos de la vida: el matrimonio, el trabajo, los negocios y los compromisos cotidianos. «Cuando usted tiene palabra, puede atravesar lo que sea, pero la mantiene», afirmó.
La Puerta del Cielo
Al despertar de su sueño, Jacob reconoció la presencia de Dios: «Ciertamente el Señor está en este lugar y yo no lo sabía». Después añadió: «¡Cuán imponente es este lugar! Esto no es más que la casa de Dios, y esta es la puerta del cielo» (Génesis 28:16-17).
El obispo explicó que la iglesia no debe ser vista simplemente como un lugar religioso, sino como un espacio en el que la persona puede encontrarse con Dios y tomar una decisión capaz de transformar su vida. Por algo Jesús declaró: «Yo soy la puerta; si alguno entra por Mí, será salvo» (Juan 10:9).
Aunque Jacob había perdido todo, todavía podía comenzar de nuevo si colocaba a Dios en primer lugar. Esta enseñanza recuerda lo escrito en Mateo 6:33: «Pero buscad primero Su Reino y Su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas».
Una decisión personal
Dios se presentó ante Jacob como el Dios de Abraham y de Isaac. Sin embargo, Jacob necesitaba decidir si también lo reconocería como su propio Dios mediante una vida de obediencia.
Asimismo, el obispo destacó que ninguna conquista puede compararse con la salvación del alma. Esta reflexión se fundamenta en Mateo 16:26 y muestra que el principal propósito de buscar a Dios no debe ser alcanzar bienes materiales, sino recibir la vida eterna.
Al concluir, el obispo invitó a los presentes a tomar una decisión personal: «¿Usted llegará hasta esta puerta y simplemente se irá, o tomará la decisión de cruzarla, salir del reino de este mundo y entrar en el Reino de Dios? Solamente usted puede decidirlo». Finalmente, oró por quienes manifestaron su deseo de entregar completamente su vida al Señor Jesús.
