La Biblia dice que “el amor es sufrido” (1 Corintios 13:4), pues amar es dar. El siervo da todo de sí por su Señor. Pero la mayoría de las personas no quiere amar, no quiere servir; por el contrario, quiere ser servida.
Mientras el siervo de Dios se ocupa con pensamientos como: “¿Cómo puedo servir, aportar o ayudar?”, quien quiere ser servido piensa: “¿Qué puedo hacer por mí? ¿Qué gano con esto?”.
La persona que verdaderamente es sierva no hace nada para sacar ventaja para sí misma, sino para Dios. Ante esa actitud, Dios se complace en dar, inspirar, fortalecer y proteger.
Ahora bien, piensa conmigo: si estamos viviendo en un mundo donde la mayoría de las personas piensa en cómo sacar ventaja de esto o de aquello, y nosotros pensamos: “¿Cómo puedo servir?”, ¿qué crees que puede suceder?
Es claro que habrá ingratitud, sufrimiento e injusticias, porque en el mundo nadie está haciendo lo que queremos hacer, que es servir. Pero eso es ser de Dios.
Eso es amar: hacer el bien sin esperar nada a cambio, como si fuera para Dios.
