¿Qué tipo de tierra eres para la semilla de Dios?

¿Qué tipo de tierra eres para la semilla de Dios?

Por Departamento Web 2

La obediencia a la Palabra de Dios regenera al ser humano y transforma vidas

En un año de hambre, de tierra seca, de escasez, Isaac prosperó. Como podemos ver en la Biblia en Génesis 26:12: «Isaac sembró en aquella región, y ese año cosechó al ciento por uno, porque el Señor lo había bendecido». Fue un milagro. Pero, ese milagro solo sucedió porque Isaac lo plantó.

Los que tenían semillas no tuvieron el valor de arrojarlas a la tierra ese año porque la tierra estaba seca. Solo cosecha quien siembra. Esto vale para todos. Dios no podría haber hecho nada si Isaac no lo hubiera sembrado.

«El que tiene oídos para oír, oiga»

Asimismo, al igual que la naturaleza, la Palabra de Dios cumple Sus propósitos. Muchas veces, Dios usó lo que ocurre en la agricultura para que la gente entendiera mejor lo que Él quería decir. En el Nuevo Testamento, por ejemplo, también sucedió algo similar cuando Jesús contó la parábola del sembrador.

«Y les dijo en parábolas muchas cosas como estas: Un sembrador salió a sembrar. Mientras iba esparciendo la semilla, una parte cayó junto al camino, y llegaron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, sin mucha tierra. Esa semilla brotó pronto porque la tierra no era profunda; pero, cuando salió el sol, las plantas se marchitaron y, por no tener raíz, se secaron. Otra parte de la semilla cayó entre espinos que, al crecer, la ahogaron. Pero las otras semillas cayeron en buen terreno, en el que se dio una cosecha que rindió treinta, sesenta y hasta cien veces más de lo que se había sembrado. El que tenga oídos, que oiga» (Mateo 13:3-9).

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Un sembrador salió las con semillas que se plantaron en cuatro suelos diferentes. Solo uno multiplicó. Las semillas eran iguales, de la misma calidad. Era diferente la tierra en la cual fueron plantadas, solo en la buena tierra se afianzaron las semillas. En otras palabras, Jesús quiso decir lo siguiente: «a quien el Espíritu Santo dé entendimiento, entenderá lo que estoy tratando de decir».

Buena tierra para la semilla de Dios

Por lo tanto, no era de agricultura lo que Jesús estaba diciendo, sino de la Palabra de Dios. También, podemos ver esto en la Biblia en Mateo 13:23: «Pero el que recibió la semilla que cayó en buen terreno es el que oye la palabra y la entiende. Este sí produce una cosecha al treinta, al sesenta y hasta al ciento por uno».

Lo que transforma la vida del ser humano es la obediencia a la Palabra de Dios. Es esa Palabra la que endereza tu vida. Es a través de ella que vas identificando tus errores y fallas. Y también comienzas a ver que eres parte del milagro. Ten participación en la transformación de tu vida. La Palabra muestra que la responsabilidad no es solo de Dios. Ella coloca sobre nosotros la responsabilidad porque la Palabra es la semilla, pero la tierra eres tú.

Si vas a la iglesia todos los días, pero no practicas lo que oyes, nada cambiará en tu vida.

Cuando hablamos de transformación, estamos hablando de personas que echan raíces en el Reino de Dios. Que pasan a llevar el espíritu de la Palabra dentro de sí mismos, tienen el brillo de Dios en su mirada, tienen su alma salvada e incluso son usadas por Dios para salvar otras vidas. Pero, eso no va a ocurrir si tú no lo deseas, si no lo buscas… Si no hay ningún esfuerzo de tu parte, entonces nadie puede ayudarte, ni Dios. Él no lo hará por ti, lo hará contigo.

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