¿Qué falta en tu vida?

¿Qué falta en tu vida?

Por Departamento Web 2

Completa la siguiente frase: para ser feliz me falta______. Tal vez sea solo una cosa o puede que falten varias cosas. Ahora, piensa en todo lo que has hecho en el intento de conseguir algo que crees que llenará tu vida y date cuenta de que la sensación es de estar persiguiendo el viento y, lo peor, es que has acumulado más problemas. Todos tenemos deseos y necesidades, independientemente de la edad, clase social y género. ¿Qué podría faltarle, por ejemplo, a un hombre de 75 años, casado con la mujer que ama y que es próspero? En el caso de Abram, le faltaba un hijo. Solo un hijo. En la época en que vivió, tener un hijo era una cuestión de supervivencia familiar. Cuanto mayor era la familia, mayor era el clan y mayor la capacidad tanto de protegerse de enemigos como de generar recursos con su trabajo.

Dios ya había provisto casi todo a Abram, pero toda la riqueza que poseía no llenaba la falta de un hijo y él dejó esto claro a Dios, como está registrado en Génesis 15:2-4: «“Oh Señor Dios, ¿qué me darás, puesto que yo estoy sin hijos, y el heredero de mi casa es Eliezer de Damasco?”. Dijo además Abram: “No me has dado descendencia, y uno nacido en mi casa es mi heredero”. Pero la palabra del Señor vino a él, diciendo: “Tu heredero no será este, sino uno que saldrá de tus entrañas, él será tu heredero”». Al respecto, el obispo Edir Macedo destaca que la intrepidez de Abram al hablar con Dios era precisamente porque confiaba en las promesas del Altísimo. «Esta es la fe consciente que agrada al Señor Dios. Cuando obedecemos a la Palabra, podemos reclamar lo que Él prometió para Su única y exclusiva gloria», enseña.

La ausencia de un hijo acercó a Abram a Dios. Durante los 25 años que esperó siempre con confianza hasta convertirse en padre, fue obediente a Dios y esto hizo que desarrollara una relación íntima con Él y se convirtiera en una referencia, hasta el punto de ser llamado por el mismo Dios Su amigo.

Así también ha ocurrido con innumerables personas. Lo que falta en sus vidas es justamente lo que las acerca a Dios y, cuando esto sucede, descubren que aquello que tanto querían porque creían que las haría felices, en realidad, no era nada en comparación con lo que encontraron al buscar a Dios de todo corazón. Ese tesoro es el Espíritu Santo.

Nada faltará

Tener una vida en la que nada falta (materialmente, emocionalmente y, sobre todo, espiritualmente) no es para todos. Solo quien hace de Dios su Pastor y obedece Su Palabra puede tener la seguridad de que nada le faltará. La Hoguera Santa en el Templo de Salomón es la oportunidad para aquellos que quieren alcanzar la vida completa que Dios ha idealizado para nosotros.

Y para quienes ya cuentan con el Espíritu Santo, está es su oportunidad para buscar el cumplimiento de las promesas divinas.

Busca una Universal cercana y entérate de cómo participar. Y, a continuación, las siguientes historias comparten cómo fue que sus vidas tuvieron un antes y un después no por lo que conquistaron por medio de su fe, sino por lograr la mayor bendición de todas.

patrimonio familiar

«Por un tumor, me acabé el patrimonio familiar» 

«Al acudir con el especialista me dijeron que tenía un tumor grande en el cerebro, pero la cirugía era muy riesgosa y no me garantizaban que saldría bien. Conforme pasaban los días, me empecé a deprimir, pues el dolor era cada vez más intenso. Comencé a gastar mucho dinero porque quería que me quitaran el dolor costara lo que costara, dejé de ocuparme de mis hijos porque solo luchaba por salvarme, incluso el gasto que me daba mi esposo, en lugar de ocuparlo en alimentos, compraba mis medicamentos. Solo pensaba en mí y en acabar con ese dolor. Además, como tenía 2 casas, vendí una para pagar deudas y lo demás me lo terminé hasta acabar con nuestro patrimonio. 

Entre la enfermedad, las deudas y los problemas con mi esposo, ya no sabía qué hacer; por las noches solo me encerraba y me ponía a llorar. Al acudir a la Universal, fui hasta el Altar y me desahogué con Dios, saqué toda la amargura, el dolor y el peso que traía sobre mí; salí libre de esos sentimientos y a partir de ahí no dejé de asistir. Me fui sintiendo más fuerte y tranquila, disminuyeron los remedios y dejé de preocuparme por todos los problemas. 

Cuando llegó la Hoguera Santa, entendí el propósito y escuché la voz de Dios, Él me pidió que soltara los apegos que tenía, la verdad me dolió, pero oré mucho y obedecí. A partir de ahí mi vida cambió, me llenó con Su presencia, dejé de tomar medicamentos y el experto dijo que ya no tenía nada. Desde aquel momento Dios es mi prioridad, porque Él me sacó adelante. 

Sin duda, Dios no hace las cosas por la mitad. Aparte de la bendición en mi salud, logramos remodelar nuestra casa; compré una camioneta para mí, mi esposo tiene la suya cero kilómetros, compramos una para nuestra hija y un carro para nuestro otro hijo; hemos viajado al extranjero, entre otras bendiciones, porque Dios da y da, no nos falta nada. Pero entre todas las conquistas, la más importante es el Espíritu Santo, Él me da paz, amor, sabiduría, visión… De ser esa persona derrotada, enferma, triste y con malos sentimientos, hoy soy otra porque el Señor me restauró.» -María del Rocío Gutiérrez

envidias

«Cuando empezaron las envidias, el negocio se estancó» 

«Vivía desenfrenadamente, en cada fiesta que hacía en casa tenía que haber alcohol, si no, no era fiesta. Tenemos un negocio que estaba prosperando y las ganancias las ocupábamos para las fiestas, pero empezaron las envidias y este se estancó; se generaron deudas por la pérdida de mercancía. Luego surgió otro problema, mi mamá necesitaba ser operada de emergencia por un tumor grande en la matriz, pero nos cobraban una cantidad muy fuerte. Por no saber cómo resolver los conflictos, me dio insomnio, me dolía la cabeza y me sentía estresado. 

Supe de la Universal por medio de la TV, pensé que eran charlatanes, pero finalmente decidí ir, no tenía nada que perder. La primera vez que participé tuve sentimientos encontrados y, al mismo tiempo, me sentí tranquilo, Dios me dio fuerzas. Eso me motivó a seguir asistiendo. 

Luego escuché de la Hoguera Santa, para mí representó una salida a mis problemas. Entendí que era necesario entregarme de todo corazón y obedecer Su voz; me preparé de la mejor manera e hice a un lado el alcohol y las fiestas. Cuando subí a Su Altar, Le dejé todo en Sus manos. Me sentí seguro de lo que había hecho ahí. Después surgieron algunas situaciones que me querían hacer dudar, pero yo decía: “Dios, sé que no me vas a defraudar, confío en Ti”. A pesar de que no fue tan rápido, la respuesta llegó. Dios me abrió puertas en el banco para darme un financiamiento, así pude pagar la operación de mi mamá y levantar el negocio. He participado en más Hogueras y en cada una siempre le digo a Dios que hable conmigo, yo solo voy a escuchar y obedecer, pues mi voto con Él es el de ponerlo siempre en primer lugar. 

Mi vida se transformó. El negocio prospera, logramos remodelar la casa, tenía un rancho intestado y ahora está a mi nombre, y mi familia vive en la misma fe que yo. Dios me mostró que sí existe, y que Su Palabra se cumple, siempre y cuando uno Lo siga y obedezca. No es fácil, pero uno obtiene la respuesta ante cualquier problema.» -Ciro Gallardo 

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