¿Por qué los antidepresivos no siempre funcionan?

¿Por qué los antidepresivos no siempre funcionan?

Por Departamento Web

Si el origen del mal es espiritual, por la fe, la solución también lo será 

Considerada el mal del siglo XXI, la depresión afecta a alrededor del 4 % de la población mundial y es la principal causa de discapacidad, según refiere la Organización Mundial de la Salud (OMS). Aunque existen varias terapias farmacológicas y tratamientos psicológicos efectivos para atender esta enfermedad, una parte de quienes sufren depresión —esto es entre el 10 % y 30 %— tienen poco o ningún efecto. Ellos son diagnosticados con depresión resistente al tratamiento, también conocida como depresión refractaria. 

«Cuando el paciente no responde a terapias psicológicas o antidepresivos —ya sea solos o combinados— podríamos decir que es posible que, en su caso, el medicamento necesitaría actuar con alguna otra sustancia cerebral que no conocemos o no identificamos», dijo Antonio Geraldo da Silva, presidente de la Asociación Latinoamericana de Psiquiatría (APAL). 

Por su parte, el obispo Edir Macedo menciona que la depresión es un problema estrictamente espiritual y la manera de sanar este mal es de la misma índole: «Desde el punto de vista espiritual, la depresión no es nada más que un estado permanente de incertidumbre. Si el problema es de origen espiritual, su solución también lo será. Y tratándose de algo así, no hay forma de evitar recurrir a la fe. Dudo que haya medicina que cure la depresión, así como también dudo que alguien practicante de la fe en la Palabra de Dios sea depresivo», aseveró. 

«Las tragedias que viví me hicieron una mujer infeliz» 

«A los cinco años, fui abusada sexualmente, esto me hizo una niña solitaria. Mi refugio ante mi tristeza fue el estudio y daba lo mejor de mí en los diferentes niveles educativos. Sin embargo, en mi adolescencia, lidié con el acoso por parte de familiares.  

Me casé y mi matrimonio fue un infierno, mi esposo me golpeaba, me insultaba, eran constantes sus humillaciones, ni aun teniendo una hija me respetaba. No obstante, para mí, el fin fue cuando mi hija creció y se fue de casa. Ahí toqué fondo, conocí el amargo sabor de la depresión, dejé de arreglarme, perdí la fuerza para seguir con mi día a día, no me alimentaba y seguido tenía ideas suicidas. 

Al ver que estaba mal, un amigo me invitó al Templo de los Milagros. Escuchando las prédicas, encontré las palabras de aliento que necesitaba, el buen ánimo nació dentro de mí, comencé a sonreír, eso me hizo ser constante en las reuniones. Estando en la oración y al hablar con Dios, encontré el consuelo que mi alma necesitaba. 

Gracias a mi entrega al Señor Jesús, hoy tengo resultados maravillosos. La depresión no es parte de mí, superé mis traumas del pasado, no tengo deseos suicidas, puedo dormir bien, como saludablemente, me arreglo y hasta mi hija volvió a casa. Soy muy feliz.» -Trinidad Soto. 

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